CUANDO EL CÓNYUGE NO ES CREYENTE

Malos Entendidos Comunes en Cuanto a Matrimonios Mixtos

• En tanto que el hecho de que un creyente se case con un incrédulo es pecado, permanecer casado no lo es. Cada día en ese matrimonio no es un día que se vive en el pecado. Una vez que hay confesión y arrepentimiento del pecado inicial, el mismo creyente — y Dios— puede abrazar por completo el matrimonio en sí mismo. El creyente puede y debe librarse de la culpa después de arrepentirse y recibir perdón.creyente

• El creyente no es responsable por la salvación del cónyuge no creyente. ¿Interesado? ¡Sí! Pero algunos que están casados con no creyentes piensan que sólo pueden expiar su culpa asegurando la salvación del otro. Esto es una receta para el desastre. Sermonear o testificar duramente al cónyuge incrédulo por lo general resulta contraproducente.

• Un matrimonio feliz no se descarta automáticamente. A decir verdad, un matrimonio mixto puede en realidad ser muy satisfactorio. Creer esto puede convertirse en profecía de cumplimiento propio. No todos los problemas en el matrimonio se deben a estar en yugo desigual. Los matrimonios creyentes tienen abundancia de problemas, también, y la mayoría de ellos se deben a que dos pecadores caídos viven en contacto íntimo.

Considera esto

PREDIQUE CON SU VIDA, NO CON SUS LABIOS. “Es por la predicación silenciosa de la hermosura de su vida que hace caer las barreras del prejuicio y hostilidad.”3 El cónyuge no creyente a menudo considera el testimonio verbal como un hostigamiento o un ultimátum.

UN “ESPÍRITU MANSO Y APACIBLE” ES DINAMITA ESPIRITUAL. Cuando permitimos que Dios cultive dentro de nosotros un corazón atractivo, liberamos un perfume irresistible. El aroma es algo que el amor de Dios derrama en nuestros corazones (Ro. 5:5), y es el mismo amor que nos atrajo a Cristo. No tiene sentido cuando vemos que Dios nos atrae a Sí mismo con gran amor y luego nosotros dedicamos a perseguir al cónyuge no creyente como con un proyectil espiritual.

creyentes 2A SIMPATÍA ES ESENCIAL. La palabra simpatía en realidad quiere decir “sufrir con.” La posición del incrédulo debe tocar profundamente al creyente. ¿Dónde el incrédulo sufre o siente dolor? ¿Sabe el creyente la experiencia del incrédulo? Saber es un requisito previo para sentir compasión por el cónyuge, y si el cónyuge nunca ha hablado de tales experiencias, recuerde que todo mundo tiene una historia que contar.

Cueste lo que cueste

Los matrimonios de creyentes y matrimonios mixtos tienen esto en común: la esposa creyente debe ser una ayuda idónea sea el esposo creyente o no, y el esposo creyente debe vivir con su esposa de una manera comprensiva sea ella creyente o no. En otras palabras, los principios bíblicos de ser un cónyuge piadoso se aplican universalmente, y un matrimonio mixto se beneficiará de ellos tanto como el matrimonio de ambos cónyuges creyentes.

Para el Esposo Creyente

Maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva[a] con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas. (1 Pedro 3:7).
Un esposo comprensivo es estas tres cosas:

1. Un estudiante de su esposa — ¿Cuán bien conoce el esposo a su esposa? ¿La ha estudiado con amor intenso? ¿Percibe él cuáles cosas son importantes para ella? ¿Entiende las cosas que le producen dolor a ella? ¿Qué tal de las cosas que la alegran o la entristecen? ¿Entiende él la filosofía de ella de la vida y conoce sus deseos y metas?

2. Es sensible a su debilidad física — Una mujer no se supone que deba ser el hombre guía para las batallas por la vida. El hombre, por diseño de Dios, es el hombre guía para su esposa e hijos. En lugar de ser honradas como vaso más débil, muchas mujeres se sienten como si se las considerara mulas de carga. Los esposos necesitan captar cuán profundamente pueden tocar a sus esposas haciendo provisión para que ellas descansen y para evitar que se agoten. Por ejemplo: cuide a los hijos y dele a la esposa una noche o un sábado libre, para descansar, para ir de compras o hacer cosas con sus amigas.

3. Está comprometido a valorar a su esposa — En lugar de imponer sobre ella sus creencias, el esposo puede asegurarse de que su esposa se siente valorada, comunicando así a Cristo de manera mucho más efectiva.

Para la Esposa Creyente

creyente 3Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él» (Génesis 2:18).

Una ayuda idónea es estas tres cosas:

1. Un remedio para la soledad del hombre — La masculinidad necesita de la feminidad. Una esposa creyente tiene el toque complementario de Cristo que la capacita para suplir la necesidad que su esposo tiene de compañerismo de una manera singular. Tristemente, muchas esposas creyentes abandonan emocionalmente al esposo no creyente debido a que están enojadas o avergonzadas por tener una relación imperfecta.

2. “Una que corre al grito de auxilio”— La palabra griega que significa “correr al grito” se escogió para traducir la palabra hebrea ayuda. Las necesidades del hombre claman, y la mujer corre para suplir lo que el hombre no puede darse a sí mismo. El consejero puede ayudar a la aconsejada a preguntar: “¿Qué es aquello por lo que está clamando mi esposo?”

3. Es el complemento opuesto del esposo — La esposa hace completo a su esposo al buscar maneras de ministrarle a él en sus áreas de debilidad.

 

Fuente:
Charles Swindoll, Cónyuge no creyente: Viendo el Matrimonio con un Incrédulo como un Ministerio Dado por Dios, vol. 6, Perspectivas para aconsejar: Matrimonio (Frisco, TX: Visión Para Vivir, 2015), 2.

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LA IMPORTANCIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN LA FAMILIA

Lucas 1:5–25

Zacarías y Elisabet fueron un matrimonio que se mantuvo unido en el servicio a Dios a pesar de las pruebas y de la crisis provocada por la esterilidad de ella. Pero el Señor a su tiempo los bendijo y llegó Juan a formar parte de esta familia especial. Su unidad en la búsqueda de la voluntad divina y su disciplina en la oración y la piedad nos enseñan ahora principios importantes para convertir nuestras casas en lugares llenos de bendición y estabilidad espiritual.

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1. Los padres unidos en la búsqueda de Dios

La Escritura nos dice que Zacarías y su esposa eran justos, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor (v. 6). Cuando el anciano sacerdote oficiaba en el templo recibió la bendición de ser visitado personalmente por el ángel Gabriel para darle una buena noticia referente a la petición que por mucho tiempo puso ante Dios. Tu oración ha sido oída, le declaró el mensajero celestial (v. 13). Elisabet también era una mujer espiritual, llena de fe, escogida para traer al mundo al más grande de los profetas. Tan especial era este hogar que María, estando encinta de Jesús, se quedó unos meses a vivir con ellos. La que sería madre de Juan el Bautista fue llena del Espíritu Santo cuando recibió la visita de su prima, quien traía en su vientre al Salvador. Lucas 1:41

2. Los padres unidos para cultivar la espiritualidad en sus hijos

Este fue un hogar apropiado para la crianza de un futuro siervo del Señor. Tanto Zacarías como Elisabet reunían los requisitos para formar al varón que Dios necesitaba. Era una familia donde la espiritualidad que requería un profeta fue proporcionada por los padres. Podemos imaginar a Juan el Bautista contemplar a sus padres en largos períodos de oración e intercesión por Israel; los veía dar gracias por los alimentos, ayudar a los necesitados, leer las Escrituras. De este modo recibió una formación piadosa.

Sin duda Zacarías se esforzaría tanto más por saber la responsabilidad que Jehová le había dado en su vejez. Tomaba tiempo para instruir al niño en la Palabra, así como para enseñarle las disciplinas bíblicas para alimentar la fe; como la oración, el ayuno y la piedad. Este hogar irradiaba espiritualidad, la cual impactó la vida del hijo recibido y lo ayudó a cumplir la función específica para lo cual había sido llamado desde antes de nacer. Lucas 1:16, 17

Juan el Bautista vivió sus primeros años al lado de sus padres, quienes le proveyeron no sólo de un hogar respetable, sino espiritual, que le prepararía para tener un carácter firme y poner como prioridad el reino de los cielos, llevando a cabo su difícil misión de preparar los caminos de Dios y allanar la calzada para la llegada del Señor Jesucristo.

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3. Los padres unidos para procurar la presencia divina en la casa

Como el caso de Zacarías y Elisabet, el hogar cristiano debería ser un lugar donde se respire el ambiente del cielo. También en nuestros hogares hace falta que se manifieste el señorío de Jesucristo. De manera que en la casa se formen verdaderos adoradores del Señor y se críen hombres y mujeres que desde su niñez busquen la presencia divina y aprendan a amar a Dios con todas sus fuerzas.

Se necesita un padre que sustente, cuide, y provea amor y calidez en su hogar. Que sea ejemplo de buena conducta y de temor al Señor. Uno que practique la oración y la meditación en la Biblia, que conduzca a su familia al santuario y que sea digno de imitar en su actitud reverente en la casa de Dios.

También se requiere de una madre que honre a su esposo y brinde cuidado a los hijos, y sea capaz de realizar los más grandes actos de heroísmo a favor de ellos. Hace falta en casa una mujer que tenga la disciplina de la oración personal y familiar, que cultive la sana costumbre de asistir a la iglesia, que sea ejemplo en palabra, conducta, amor, fe y pureza. De tal modo que el hogar se vea rodeado de la presencia divina diariamente y se respire la paz del Señor, a fin de que los hijos tengan como principio de su educación el temor de Dios y el amor a su prójimo.

Cuando el padre y la madre se ponen de acuerdo para buscar a Dios y ser fieles en el camino del bien, las bendiciones reposarán sobre la casa. Juntos podrán enseñar con el ejemplo la sana doctrina y la íntima comunión con el Señor. En el seno familiar se podrá percibir la presencia divina. Se recibirá el calor espiritual que une a toda la familia en Cristo. Se nutrirá la fe de cada uno de los miembros y se despertará en ellos un deseo sincero de servir a Jehová. En ese hogar llegará a existir un cariño que jamás será olvidado por los hijos.

Llegará el momento en que los hijos se irán del hogar por cuestiones de matrimonio, de escuela, trabajo o ministerio, pero llevarán la marca de la vida espiritual del hogar de sus padres. Anhelarán reproducir en su nueva familia las noblezas de su casa paterna. Recordarán las oraciones de papá y mamá por ellos y les será más fácil acordarse de Dios en los momentos difíciles. Tendrán recursos poderosos como la lectura bíblica, el ayuno y la oración, para defenderse del mal.

Conclusión

Nada iguala las bondades de un hogar donde hay vida espiritual. Sin embargo, existen hogares destruidos en los cuales la espiritualidad es la gran ausente. Pero no se tiene una familia bendecida por accidente, más bien es producto de la unión de la pareja para procurar que la presencia divina gobierne en la casa. Dios desea que muchas generaciones venideras tengan la dicha de nacer en un lugar donde el señorío de Cristo esté presente.

Fuente:

José M. Saucedo Valenciano, Aliento del cielo para la familia, ed. David Alejandro Saucedo Valenciano (El Principio de la Sabiduría, 2013), 21–24.

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