CAUSAS DE PROBLEMAS EN EL MATRIMONIO

La realidad ruge como un león después de la luna de miel. Cuando cada participante en la relación trae sus propias expectativas al matrimonio, la desilusión, la decepción, y aun la desesperanza pueden empezar a carcomer el contentamiento y la felicidad. Las ideas preconcebidas acerca de cómo debiera ser una relación normalmente tienen su origen en las actitudes y conducta de los padres. Antes de que comiencen su jornada matrimonial, es saludable que los prometidos compartan sus expectativas y suposiciones. Esto les ayudará a prever algunas de las áreas principales en las que necesitan realizar ajustes antes de comenzar a fundir sus vidas en una.

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24)

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A. Expectativas irreales en el matrimonio

Pensar que la pasión sexual es amor auténtico

Pensar que no habrá consecuencias por haber tenido relaciones sexuales antes del matrimonio

Pensar que el romance será el motor del matrimonio

Pensar que su pareja no puede vivir sin usted

Pensar que el matrimonio resolverá sus problemas personales

Pensar que se puede salir con la suya

Pensar que su pareja puede leer su mente

Pensar que desaparecerán las diferencias religiosas

Pensar que su pareja se someterá a usted o que ejercerá un liderazgo espiritual fuerte

Pensar que seguirá pasando las vacaciones con su familia

Pensar que los hijos no añadirán tensión al matrimonio

Pensar que su pareja va a ahorrar o gastar el dinero igual que usted

Pensar que están totalmente de acuerdo en cómo cuidar y administrar su hogar

Pensar que la comunicación sucede natural y automáticamente

Pensar que su pareja siempre lo va a comprender

Pensar que su pareja siempre lo va a defender

Pensar que siempre será la prioridad número uno de su pareja

Pensar que podrá cambiar el comportamiento negativo de su pareja después de casarse

Pensar que el matrimonio va a hacer que su cónyuge madure

Pensar que su familia política lo va a aceptar en lo individual y los aprobará como pareja

“Buscáis mucho, y halláis poco”.(Hageo 1:9)

Pregunta: Mi prometido y yo estamos preocupados porque su familia es muy controladora y podría causarnos algunos problemas después de casados. ¿Cómo podemos resolver algunos de estos problemas antes de la boda?”

Respuesta: Es usted muy sabia al darse cuenta antes de casarse de que es necesario resolver cualquier duda o temor acerca de posibles problemas familiares que puedan surgir en el futuro. Hay algunos principios que pueden comentar como pareja para ponerse de acuerdo antes del matrimonio que les ayudarán a evitar problemas potenciales con sus suegros:

• Acepten el principio: “dejará y se unirá”, que establece que ustedes estarán unidos en la medida en la que sepan manejar la interferencia de los suegros.

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24)

• Busquen la paz en cada situación.

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18)

• Sean humildes, pacientes y respetuosos cuando estén frente a la familia de su pareja.

“Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:2)

• Mantengan una actitud positiva hacia la familia de su cónyuge. No critiquen, sino vean lo mejor de ellos. (Aun si su pareja critica, usted controle su lengua).

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. (Colosenses 4:6)

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B. ¿Cuáles son las relaciones de “alto riesgo”?

En muchas culturas, una “bandera roja” significa: “¡Advertencia! ¡Peligro! ¡Cuidado!” La Biblia ofrece varios indicios en cuanto a las relaciones de alto riesgo y los que son sabios tomarán en cuenta esas advertencias.

“La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño”. (Proverbios 14:8)

• Objeción de parte de los padres

Esaú

El rey de los filisteos le dijo a Isaac, padre de Esaú: “Hemos visto que Jehová está contigo”. Pero años más tarde, cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con dos mujeres heteas, extranjeras y con prácticas paganas cuyas creencias eran contrarias a la palabra de Dios. La Biblia simplemente declara que esas mujeres: “fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca”. Gracias a su vasta experiencia, los padres pueden percibir problemas potenciales que sus hijos no pueden discernir todavía. (Génesis capítulos 25 y 26).

La Biblia dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre… El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz” (Proverbios 1:8; 17:25).

• Irresponsabilidad económica

Ananías y Safira

Ananías y Safira eran codiciosos y deshonestos, por lo que no eran buenos administradores de sus bienes. Ananías se guardó parte del dinero que había prometido dar para la obra de Dios y su esposa apoyó su mentira. Evidenciaron su irresponsabilidad con lo que Dios les había dado y como resultado de ello, Dios les arrebató la vida (Hechos capítulo 5).

La Biblia dice: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto” (Lucas 16:10).

• Ira excesiva

Sansón

Sansón tenía un carácter explosivo aunado a un espíritu impulsivo y vengativo. Cuando la familia de su esposa lo trató mal, él declaró tener el “derecho de vengarse”. El altercado empeoró, y su ira excesiva lo llevó a matar a más de mil personas del pueblo de su mujer. Aunque Sansón era un juez israelita, no solamente perdió su vista, sino su visión espiritual (Jueces capítulos 14 y 15).

La Biblia dice: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos” (Proverbios 22:24).

• Prioridades equivocadas

Nabal y Abigail

El nombre Nabal significa “necio” y éste era un hombre rico pero egoísta. Su actitud tan arrogante lo llevó a tomar decisiones equivocadas. Mostró ingratitud hacia David por la protección que le había brindado y lo insultó junto con sus hombres, devolviéndoles mal por bien. Afortunadamente, la esposa prudente de Nabal percibió las consecuencias desastrosas que traerían las acciones de su esposo. Si ella no hubiera apelado personalmente y con gracia a la misericordia de David, las palabras necias de Nabal y sus tonto orgullo hubieran terminado en masacre, desastre y ruina (1 Samuel capítulo 25).

La Biblia dice: “Vete de delante del hombre necio, porque en él no hallarás labios de ciencia” (Proverbios 14:7).

• Relaciones en yugo desigual

Salomón

Se le llamó el hombre más sabio de toda la tierra, pero Salomón también hizo algo muy insensato. Se casó con 700 esposas de las cuales la mayoría eran extranjeras. Él sabía que Dios había prohibido el matrimonio con mujeres fuera de su misma fe, pero él pensó que sería lo suficientemente fuerte como para resistir su influencia perniciosa. Sin embargo, al pasar el tiempo comenzó a alejarse de su devoción al único Dios verdadero y se volvió a los ídolos paganos de sus mujeres. Puesto que Salomón decidió unirse en yugo desigual con las incrédulas, perdió la luz de Dios y comenzó un descenso hacia la oscuridad espiritual (1 Reyes capítulo 11).

La Biblia dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos.… ¿qué comunión [tiene] la luz con las tinieblas? … ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14–15).

• Falta de integridad

Sansón y Dalila

Sansón fue uno de los jueces de Israel, pero se sintió atraído a tener una relación ilícita con Dalila, una mujer engañadora y filistea. Desde el principio ella traicionó su confianza y en respuesta, él le mintió. Aunque Dalila no era una mujer digna de confianza, Sansón no dejó la relación. Finalmente la falta de integridad de Sansón y su debilidad moral provocaron su degradación, derrota y humillación (Jueces capítulo 16).

La Biblia dice: “La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos” (Proverbios 11:3).

• Matrimonio por conveniencia

David y Mical

El rey Saúl consideraba que David era una amenaza latente para su reinado. Un día, después de que descubriera que su hija Mical estaba enamorada de David, tentó al joven a realizar una misión militar heroica a cambio de su hija, pero en lo profundo de su corazón esperaba que fuera el fin de la vida de David. No obstante, su misión fue un rotundo éxito. Ahora David se había ganado el derecho de entrar a la familia real por medio de su matrimonio. Sin embargo, ese “matrimonio por conveniencia” fue una alianza superficial que jamás logró la armonía entre Saúl y David, porque éste muy pronto tuvo que huir lejos de su hogar (1 Samuel 18:17–29).

El Señor dice: “¡Ay de los hijos que se apartan… para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!” (Isaías 30:1).

• Sin atracción romántica

Jacob y Lea

Cuando Jacob conoció a Raquel, inmediatamente se sintió atraído por ella. Pero para casarse con ella, primero tuvo que hacerlo con Lea, su hermana mayor. Lea sabía que no era amada, pero esperaba que con el tiempo Jacob llegara a amarla al darle varios hijos. Sin embargo, nunca llegó a darse la atracción romántica que Lea tanto anhelaba y jamás se sintió amada o apreciada como esposa (Génesis capítulos 29 y 30).

La Biblia dice: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Proverbios 5:18–19).

Pregunta: “¿Qué tan importante es sentir atracción física por la persona con la que me voy a casar? Después de todo, en los tiempos bíblicos, el esposo o esposa eran elegidos por los padres o por alguien más”.

Respuesta: En los tiempos bíblicos, los padres arreglaban los matrimonios de sus hijos. Sin embargo, ese ya no es el caso. En la mayoría de las situaciones, las personas deciden por sí mismas con quién quieren casarse, aunque todavía desean recibir la bendición de sus padres. Cualquiera que sea la costumbre, nuestro soberano Dios puede cumplir su voluntad, la cual puede mostrarse a través del corazón de un padre o bien, directamente en el corazón de la pareja. El matrimonio de Jacob y Lea es un ejemplo de un esposo que nunca se sintió atraído por su esposa. Le dio su cuerpo, pero no podía entregarle su corazón, porque ya se lo había dado a Raquel. Dios quiere que el matrimonio sea satisfactorio en todos los aspectos de la vida (espiritual, emocional y físico), así que podemos concluir que él no dirigiría a dos personas a casarse si no se gustaran el uno al otro. La atracción física no es lo que mantiene unido al matrimonio, pero definitivamente sí lo fortalece.

“La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”. (1 Corintios 7:4)

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C. ¿Cuándo es problema la diferencia de edades?

Por lo general, la gente que piensa en casarse cuenta más o menos con la misma edad. Cuando dos personas tienen una diferencia grande de edad y se atraen entre sí, por lo general la razón es que ambos están buscando de manera inconciente satisfacer las necesidades de su infancia que no fueron satisfechas. Los compañeros que tienen la misma edad se ven el uno al otro como iguales y forman relaciones con un poder equilibrado. Por el contrario, las parejas que tienen una gran diferencia de edades se perciben como diferentes y forman relaciones con un poder desequilibrado, es decir, uno de ellos posee más poder que el otro. En los siguientes ejemplos considere las necesidades que cada uno de los involucrados está tratando de suplir.

• Una mujer mucho mayor atraída por un hombre mucho menor

—¿Qué necesidad está tratando ella de suplir?

Esta mujer desea ser una mujer que cuida y nutre, e incluso en ocasiones ser una figura materna. Para sentirse con propósito ella necesita de alguien más joven a quien ella pueda controlar para sentirse bien consigo misma. Sin embargo, en ocasiones eligen a un hombre menor para recuperar su sentido de juventud.

• Un hombre mucho menor atraído por una mujer mucho mayor

—¿Qué necesidad está tratando él de suplir?

Ese hombre desea que se le regañe, se le empuje e incluso alguien que sea maternal para sentirse seguro. Se quiere sentir libre y quiere que se le permita seguir siendo indisciplinado e irresponsable en su estilo de vida.

• Un hombre mucho mayor atraído por una mujer mucho menor

—¿Qué necesidad está tratando él de suplir?

Ese hombre quiere ser el que manda, controla, y en ocasiones, quiere jugar la figura de padre para sentir propósito en la vida. Es posesivo y dominante y necesita una mujer para presumir como un trofeo, para sentirse bien consigo mismo. A veces también escoge a una mujer mucho menor tratando de sentirse joven otra vez.

• Una mujer mucho menor atraída por un hombre mucho mayor

—¿Qué necesidad está tratando ella de suplir?

Esa mujer está buscando un proveedor y protector que sea para ella como un padre para poderse sentir segura. Ella quiere seguridad y no tener preocupaciones. Ella será excesivamente dependiente de ese hombre mayor para sentirse segura. Algunas veces ha tenido un trasfondo de abuso, así que vive sin límites emocionales y le es difícil que le presten atención.

Cuando Dios creó la primera relación de pareja, no hizo a la mujer del pie del hombre para que no fuera su sirvienta o de su cabeza para que no reinara sobre él, sino que la hizo de su costado para que fuera igual a él.

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:22)

No siempre es un problema la diferencia grande de edades, pero se vuelve un problema cuando tal diferencia destruye el diseño de Dios en cuanto a la igualdad dentro del matrimonio. No debe haber una combinación entre posición y poder, sino que la piedra angular debe estar formada por el amor y el respeto y sobre ellos se edifica un matrimonio piadoso.

“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”. (Efesios 5:33)

D. La raíz de los problemas en el matrimonio

Creencia equivocada:

“Sólo en el matrimonio encontraré todo el amor, la realización personal y la seguridad que necesito para sentirme completo(a)”.

Creencia correcta:

Como hijo(a) de Dios, estoy completo(a) en Cristo. Su amor perdurable me permite amar a la persona con la que deseo pasar el resto de mi vida con un amor fiel y sin egoísmo.

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. (Colosenses 2:9–10)

 

Fuente

June Hunt, 100 Claves Bíblicas Para Consejería, vol. 22 (Dallas, TX: Esperanza para el corazón, 1990–2011), 9–14.

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SOLUCIÓN ADECUADA PARA UNA RELACIÓN INADECUADA (Reflexiones sobre el divorcio) – Parte 1

Todo lo que tiene potencial para el éxito, tiene potencial para el fracaso. Cuando el matrimonio falla, nada de Dios ha fallado. Existen matrimonios que han fracasado y excepcionalmente existen relaciones conyugales en que separarse es bueno y constructivo, mientras que seguir juntos es pecaminoso y destructivo.

Los que disfrutamos de un buen matrimonio sabemos lo gratificante que este puede ser para vivir a plenitud. A su vez, los que viven en angustias diarias saben cuán destructiva puede ser esta relación interpersonal. Así como un buen matrimonio es similar a un cielo, un mal matrimonio es realmente un infierno. Como he dicho antes, Dios no provocó el problema, sino nosotros. Él nos dejó los principios y nos dio el poder necesario para que tengamos éxito en nuestra relación matrimonial. Sin embargo, todo lo que tiene potencial para el éxito, también lo tiene para el fracaso.

divorcio

Si usted se encuentra en una de esas circunstancias en que tiene el apoyo bíblico para buscar el divorcio, es posible que se encuentre luchando seriamente por tomar esta decisión. Por supuesto, esta es una decisión difícil y de ninguna manera quiero suavizarla. Es difícil porque el divorcio es un proceso que nunca termina. El divorcio es una de las experiencias más dolorosas. Es la muerte de un matrimonio, pero con esto no terminan todas las cosas como sucede con la muerte física. Se acaba la relación conyugal, pero en la mayoría de los casos quedan nexos comunes. Existen lazos económicos que exige cierto trato y es mucho más difícil cuando se tienen hijos. Con estos, los padres se ven obligados a tener un cierto nivel de contacto. Los efectos del divorcio se pueden aprender a manejar con mucha sabiduría, pero en esencia es una herida en el plan perfecto de Dios que deja profundas cicatrices.

Si después de un serio análisis y ayuda especializada considera que tiene razones bíblicas para divorciarse, quisiera que haga un examen profundo de lo destructiva que es su relación conyugal y la compare con las consecuencias que le sobrevendrían en caso de un divorcio. Pasar por conflictos matrimoniales tan graves que motivan la búsqueda del divorcio afecta la vida de la persona y produce uno de los más serios conflictos emocionales. Le ruego que tenga mucho cuidado pues muy rara vez las personas toman decisiones apropiadas cuando se encuentran en medio de esas circunstancias.

Cuando se toman decisiones difíciles

Ante la idea de un divorcio, las cosas se tornan diferentes. Quien desea tomar una decisión como esta en medio de una situación tan emocional, corre el riesgo de enfocar su pensamiento casi exclusivamente en sus anhelos, intereses y deseos. No va a penar en los otros miembros de la familia. Esto es peligroso, sobre todo cuando existen hijos de por medio.

Sin dudas, el divorcio es una opción cuando existe una relación absolutamente destructiva en la que los adultos y los niños sufrirían más que si se mantiene el matrimonio. No obstante a eso, es indispensable pensar que usted se encuentra frente a una decisión que le afectará para siempre. Alterará todas las áreas de su vida y a todas las personas que están involucradas en ella. La Biblia nos anima a tomar en serio nuestras decisiones y a calcular los costos antes de meternos en un proyecto. Y, por supuesto, la decisión del divorcio no es una excepción (Lucas 14:28–32).

Existen preguntas serias que deben realizarse. En primer lugar, pregúntese: ¿Cómo afectará el divorcio a mi vida? Debe comprender que le afectará emocional y físicamente.

Es posible que en este mismo instante esté sufriendo los estragos de la tensión nerviosa que experimenta. ¿Está absolutamente seguro, está realmente convencido que su vida será mejor después del divorcio? ¿Está su decisión apoyada por la Palabra de Dios? ¿Qué pensará Dios de su situación? Todo el que cree a Dios y quiere vivir bajo los valores divinos debe hacerse estas preguntas. ¿Ha pensado que el divorcio afectará también su situación económica? Es obvio que en la decisión del divorcio no debe influir el beneficio ni el retroceso económico que se experimente. Sin embargo, esto es algo que debe considerarse en la decisión a fin de que ninguno de los dos cónyuges salga perjudicado innecesariamente.

¿Ha pensado cómo el divorcio afectará a sus hijos? Existe información que señala que los hijos de los padres divorciados son más propensos al suicidio, pasan más tiempo en la cárcel o tienen más problemas de comportamiento. Tienen menos defensa ante enfermedades físicas y mentales. Por lo general, los hijos de padres divorciados están en medio de dos padres que consciente o inconscientemente, agresiva o sutilmente, luchan por recibir el apoyo emocional y obtener la mayor parte del tiempo de sus hijos. Es muy común que directa o indirectamente los padres exijan que los niños tomen partido por uno de los dos y eso es precisamente lo que los hijos no desean.

En el caso de que ambos sean cristianos y asistan a la misma congregación, tengan amigos cercanos comunes o gocen de buenas relaciones interpersonales con la familia de su cónyuge, también se llevará a efecto un divorcio con algunos o todos ellos. Además, en el caso de que se divorcie y tenga la posibilidad de un nuevo matrimonio, las estadísticas le dicen que contará con menos de treinta por ciento de posibilidades de que su nuevo matrimonio sobreviva cinco años o más, y que en el tercer matrimonio solo tendrá quince por ciento de posibilidades de tener éxito.1

 

Fuente: David Hormachea, Una Puerta Llamada Divorcio (Nashville, Tennessee: Caribe-Betania, 1997), 50–55.

__________________________________

1 Gary Richmond, The Divorce Decisión, Word Books, Waco, TX, 1988, pp. 12–15.

CAUSAS DEL DIVORCIO

¿Por qué es tan alta la tasa de divorcios comparada con la de hace cincuenta años?

La ética situacional o relativismo moral ha provocado el rechazo de los absolutos morales (que marcan lo que es bueno o malo) y además justifica el pecado. La influencia del mundo sobre nuestros valores hace que el divorcio se perciba no como una solución alternativa aceptable, sino como la única para arreglar las dificultades matrimoniales.

“(Oh almas adúlteras!) No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4)

Divorcio
A. Causas externas que favorecen el divorcio

Una generación adúltera

• Falta de convicciones morales firmes18
• Surgimiento de leyes “fáciles” para divorciarse
• Relaciones sexuales antes del matrimonio
• Preocupación excesiva por la ganancia económica y material
• Buscar éxito en la profesión
• Buscar la felicidad egoístamente
• Enfocarse en los derechos personales19
• Experimentar luchas de identidad, la crisis de la media vida o el síndrome del nido vacío
• Carecer de un sentido de significancia y propósito en la vida
• Creer en el mito del matrimonio ideal
B. La raíz del problema

Un corazón endurecido

“Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; mas el que endurece su corazón caerá en el mal” (Proverbios 28:14)

C. Problemas comunes en las relaciones matrimoniales que generalmente terminan en divorcio

El cónyuge endurecido

 

El cónyuge confiado

 

Está insatisfecho con el matrimonio y decide que el otro tiene la culpa

 

No está consciente de la insatisfacción que experimenta su cónyuge con el matrimonio

 

Permite que algún evento (por pequeño que sea) detone su decisión de divorciarse22

 

No está consciente de ese evento ni de su responsabilidad por haber herido a su cónyuge de alguna manera

 

No comunica abiertamente sus sentimientos sino que permite que la relación se perjudique

 

Percibe que la relación se ha tornado difícil pero soporta las reacciones del cónyuge

 

Lleva un diario mental de todas las injusticias que percibe en su cónyuge

 

Está consciente del negativismo de su cónyuge pero no puede identificar cuál es el problema exactamente

 

Permanece distante e inconforme, buscando motivos para la ruptura

 

Sigue decepcionando a su cónyuge sin darse cuenta

 

De pronto decide abandonar al otro debido a una crisis o al interés que tiene en otra persona

 

Se sorprende grandemente al saber que su cónyuge está considerando divorciarse

 

Presiona a su cónyuge para obtener el divorcio

 

Se resiste al divorcio y trata de cambiar su conducta

 

Se siente completamente justificado y decidido a lograr el divorcio

 

Se siente culpable, se torna agresivo y queda devastado por la ruptura del matrimonio

 

“Se rebeló y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel” (2 Crónicas 36:13)

 

“Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón”. (Salmos 38:8)

 

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CREENCIA ERRÓNEA:

No hay amor en mi matrimonio. La vida es muy corta y tengo derecho a buscar la felicidad y satisfacción personal en otro lado.
CREENCIA CORRECTA:

Dios quiere que ame y respete a mi cónyuge usando los recursos del su amor y la fortaleza que él me ha dado. Buscaré a Dios para obtener satisfacción personal.

“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24)

Fuente:

June Hunt, 100 Claves Bíblicas para Consejería, vol. 33 (Dallas, TX: Esperanza para el corazón, 1990–2011), 11–13.

CÓMO VENCER LAS PREOCUPACIONES (Parte 2)

Venciendo las angustias

Ahora bien, regresemos a Mateo 6 para descubrir la alternativa que nos da Jesús con respecto a las preocupaciones. ¿Cómo podemos vencer las angustias en cuanto al futuro? ¿Cómo se puede vivir sin ninguna preocupación? ¡Es imposible! Tú preguntas, “¿Cómo puedo olvidar las preocupaciones?” La respuesta a esta pregunta es la llave al problema de las preocupaciones. Cristo no nos pide que dejemos de sentir urgencia. Nos dice que dirijamos nuestra urgencia hacia otra cosa. Nuestra preocupación no debe ser dirigida hacia mañana, porque esto sólo nos parte en dos.

angustiaSi has puesto en manos de Dios tus mejores planes, puedes dirigir tu atención a otra cosa que no sea mañana. Ya no tienes que afligirte sobre el futuro, y puedes dirigir tus esfuerzos, tus energías y todo lo que tienes hacia hoy. Esta es la llave que cierra la puerta a la angustia, y abre la puerta de la paz: concéntrate en hoy.

Concentrarse fuertemente en algo es una actitud correcta, no equivocada. Toda emoción que Dios nos ha dado tiene un uso correcto en el momento correcto. Cada emoción puede ser positiva cuando se usa correctamente, acorde con los mandamientos y principios de la Palabra de Dios. Pero cada emoción puede usarse equivocadamente también. Interesarse fuertemente (sentir ‘urgencia’con respecto a alguna cosa) es una habilidad dada por Dios para movilizar las energías de cuerpo y mente para resolver un problema. Pero cuando enfocamos estas energías en el futuro, el propósito de soltar las energías químicas y eléctricas del cuerpo es frustrado, porque se derraman en el cuerpo pero no pueden usarse. No pueden convertirse en acción, porque es imposible hacer algo sobre el futuro. La preocupación activa una energía que no se usa, y en algunos casos los químicos producidos producen úlceras del estómago y otros síntomas físicos.

Pero si te enfocas en el día de hoy, las energías no son desperdiciadas, sino que pueden usarse. Tu preocupación será útil, tus energías podrán ser usadas al servicio de Jesucristo para resolver los problemas en lugar de preocuparse por ellos. Tú puedes hacer algo respecto a los problemas porque los tienes a mano, estás tratando con la realidad concreta.

Felipe aprendió que podía hacer algo por sus problemas de hoy. Primero nos sentamos y echamos una mirada a los problemas, haciendo un plan para el panorama entero. Oramos, colocando todo en manos de Dios. Después, miramos más de cerca a la próxima semana para determinar —si Dios quiere— lo que se podría hacer. Finalmente hablamos de hoy, y nos preguntamos “¿Qué podemos hacer ahorita?” Felipe se había acostumbrado a ver todo el bosque, y por eso había concluido que era demasiado grande, oscuro y tupido para ser talado. En contraste, aprendió a decir “Por la gracia de Dios tres árboles caerán hoy”. Luego aprendió a enfocarse y derramar todas sus energías en cortar esos tres árboles. Debería olvidar el resto de los árboles. Mañana podrá enfocarse en tres más, y al día siguiente tres o cuatro más, y así sucesivamente. Al continuar así, llegó el momento cuando Felipe podía ver luz en el bosque, y el sol comenzó a brillar. Felipe resolvió su problema de angustia al resolver los problemas de cada día un día a la vez.

Si trabajas fielmente para Cristo, haciendo lo que puedas con los problemas que se presentan hoy, usando todas tus energías, puedes ir a casa por la noche quizás cansado, pero satisfecho. ¿Hace cuánto tiempo no has tenido esa satisfacción? Ya no aquella sensación de cansado y todavía angustiado, sino el sentimiento de cansado y satisfecho, recostándote al final del día sabiendo que has gastado tus energías como Dios manda.

La preocupación y la pereza

¿Sabes que la Biblia señala que muchas de las personas que se preocupan son perezosas? Pues, esto es lo que Jesús mismo le dijo a uno que se afligía con respecto al futuro, y quería excusarse de sus responsabilidades a causa de sus preocupaciones. Pero Jesús dijo que era un caso de mera pereza. En Mateo 25 Cristo relató la historia de tres siervos a quienes se les dio dinero para invertir. Cuando regresó su señor, inquirió acerca de sus ganancias. Al que se le dio más, había duplicado su inversión, y el segundo hizo lo mismo. Pero el tercero confesó que había escondido su dinero en un hueco en la tierra. Cuando volvió el señor, el siervo sacó el dinero se lo llevó diciendo, “Aquí está lo suyo, señor. Lo enterré porque tenía miedo” (Mateo 25:25). El siervo se preocupó de las posibles consecuencias de invertir el dinero. Se preocupaba y se afligía hasta que quedó paralizado. Se preocupaba en lugar de trabajar. Y su señor le dijo, “Siervo malo (nótese que es pecado preocuparse por el futuro) y negligente … debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses” (Mateo 25:26, 27). Jesús le dice en otras palabras, “Debieras haber hecho por lo menos lo mínimo, y ni eso hiciste. Tú eres un siervo perezoso”.angustia-2

La persona preocupada no puede hacer nada porque está ocupada preocupándose por los problemas de mañana. Termina haciendo nada. Tú no puedes hacer nada con los problemas desconocidos de mañana. La angustia sobre mañana es como la persona que se balancea en una mecedora: gasta energía sin ir a ningún lado. Pero con respecto a los problemas de hoy, algo siempre se puede hacer (ver 1 Corintios 10:13). En última instancia, aunque no puedes cambiar el problema, por el poder del Espíritu Santo puedes cambiar tus actitudes con respecto a los problemas. Si nada más cambia, tú puedes cambiar. De modo que siempre hay algo que se puede hacer.

Una solución práctica

Hay un procedimiento sencillo que puedes utilizar cuando te encuentras preocupándote en lugar de trabajar. Cuando sientes que la angustia se te está subiendo, siéntate inmediatamente y escribe las siguientes tres preguntas en una hoja de papel, dejando espacio debajo de cada una para llenar después:

1. ¿Cuál es el problema?

2. ¿Qué quiere Dios que yo haga con él?

3. ¿Cuándo, dónde y cómo debo comenzar?

A veces el solo hecho de apuntar el problema te conduce a la solución. Cuando defines el problema, debes comenzar de inmediato a buscar una solución en las Escrituras. La pregunta es: “¿Cómo puedo enfrentar este problema para la gloria de Dios?” No te conformes con buenas soluciones e ideales nobles. En cambio, comienza a trabajar. Fija un horario para tu trabajo, y ataca la tarea más difícil primero. No olvides el ejemplo de Abraham, “se levantó temprano” cuando Dios le dio la tarea horrenda de sacrificar a Isaac, su único hijo, a quien amaba (Génesis 22:3). Ahí tenemos la solución de Dios para la preocupación.

Un último pensamiento. Este librito es escrito para los Cristianos. Pero si no conoces a Jesucristo como tu Salvador, permíteme decirte algo. Dios le dice a los Cristianos que no tienen nada de qué preocuparse. Pero tú tienes todo motivo por qué preocuparte. Si no eres Cristiano, no tienes las promesas de Dios, como por ejemplo la de Romanos 8:28, porque es dada solamente a los que pertenecen a Dios: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. No existe solución para tu problema fuera de Cristo Jesús. No hay nada sino el infierno eterno al final de tu camino. La Biblia nos dice que el infierno es un lugar de oscuridad y soledad. Las personas en el infierno serán como estrellas errantes, ¡separadas las unas de las otras por años de luz! (Judas 13). Peor aún, divagarán eternamente aisladas en la oscuridad, lejos de la presencia de Dios: “Sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). Este es el hecho más terrible de todos. El infierno será el lugar totalmente solitario en donde los hombres y mujeres, en vez de preocuparse del futuro, tendrán remordimiento agudo con respecto al pasado. Sólo en el infierno su futuro es seguro: habrá la horrorosa seguridad de un futuro eterno de terror apartados de Dios.

Pero tal vez Dios está obrando en tu corazón, convenciéndote de tu pecado. Posiblemente puso en tus manos este folleto porque quiere que confíes en Jesucristo. Jesús murió en la cruz en el lugar de pecadores culpables como tú, llevando sobre sí su infierno. Toda persona que cree que Jesús murió por ella será perdonada, y en lugar del infierno recibirá el regalo de la vida eterna, una vida con Dios para siempre. Dios promete, “Más a todos los que le recibieron (a Jesucristo), les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). ¿Por qué no pones tu confianza en Cristo en este momento? No se quede con la preocupación, ¡actúa! Actúa en obediencia a la Palabra de Dios.

Para los que conocen al Señor, permítanme preguntar, “¿Tienes necesidad de arrepentirte del pecado de la preocupación”? Si es así, entonces atiende los problemas de cada día según como te lleguen, y trabaja duro para Cristo ese día.
Jay Adams, Cómo vencer las preocupaciones (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2011), 16–31.

CÓMO VENCER LAS PREOCUPACIONES (Parte 1)

Los efectos de la preocupación

Las preocupaciones pueden causar úlceras en el estómago, drenar la vitalidad, y enviarnos a una muerte prematura. Nos convierte en personas incapaces de manejar los problemas de la vida. El preocuparse muestra falta de fe en Dios, y nos impide de asumir nuestra responsabilidad en servir a Cristo Jesús. La preocupación es pecado.
Tal vez estás permitiendo que las angustias te impidan vivir una vida de fidelidad a Cristo. ¡Tal vez te preocupas por tus preocupaciones! Y lo que quieres saber es, ¿qué se puede hacer al respecto? ¿Qué dice la Biblia sobre cómo vencer este pecado? Pues, la Biblia dice que lo puedes vencer, ¡con seguridad!

preocupacion-2La preocupación aflige a muchos Cristianos. Felipe, un ingeniero, tenía la tarea de construir un edificio grande. Era una tarea mucho más grande que todos los trabajos anteriores, con muchas dificultades. Comenzó a preocuparse sobremanera. Los contratistas y los subcontratistas estaban peleando entre sí. Los electricistas y los carpinteros no se ponían de acuerdo. Las fechas tope no se estaban cumpliendo. Todo el día y todos los días Felipe se preocupaba, y entre más se afligía menos podía hacer. Ya no era capaz de manejar los detalles de cada día. Comenzó a decirse cada día, “Ya no puedo, es demasiado”. Hasta por fin, un día se levantó de su escritorio y salió de su oficina. Como Felipe era Cristiano, fue a buscar consejo. Y fue con base en la Palabra de Dios que encontró la respuesta a sus angustias.

La esencia de la preocupación

¿Qué es la preocupación? En la Biblia, generalmente se traduce como ‘angustia’, o ‘ansiedad’. Se debería traducir como ‘preocupación’ para que entendamos en nuestros términos lo que Dios nos está diciendo. El término griego en el Nuevo Testamento significa “dividir, romper, o partir en dos”. Este término señala los efectos de las preocupaciones, es decir, lo que produce en nosotros. Pero en sí, la preocupación es una ansiedad en cuanto al futuro. Es una aflicción con respecto a algo sobre lo cual no podemos hacer nada, y ni siquiera podemos tener seguridad en cuanto a ello. Es por eso que nos parte en dos. Cuando uno se preocupa, mira hacia el futuro. Pero el futuro aún no ha llegado. No hay nada concreto que tú puedas agarrar, y no hay nada que se pueda hacer sobre ese futuro. La persona angustiada no puede hacer nada sobre el futuro, ni siquiera sabe cómo se ve el futuro. Nadie fuera de Dios conoce el futuro en su forma verdadera. La persona ansiosa primero se imagina que el futuro será así. Pero al momento piensa que tal vez será otra cosa. Y como no puede saberlo a ciencia cierta, lo parte en dos. De acuerdo a la Biblia, la preocupación es afligirse sobre lo que no se sabe y lo que no se puede controlar, y esto nos rompe en dos. La pregunta es, “Si esta es la esencia de la preocupación, ¿qué puede hacer al respecto?|

preocupacion-3Escuchemos a Jesús —él tiene la respuesta. Dice, “No se preocupen” (Mateo 6:31). Pero Jesús no deja el asunto ahí, sino que explica cómo vencer la angustia. En este pasaje Jesús concluye una discusión vital respecto a la tendencia de afligirnos por las necesidades de la vida con las siguientes palabras: “Así que, no os afanéis (no se preocupen) por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán” (Mateo 6:34). Jesús aquí nos aclara que el problema de la angustia es que proviene de un enfoque incorrecto de la vida. Jesús dice que es incorrecto dejar que los posibles problemas de mañana nos partan en dos hoy.
Cristo hace un contraste entre dos días: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su afán”. En estas palabras tenemos la respuesta de Dios a las preocupaciones. Cada día tendrá suficientes problemas. Tú no debes enfocar tu mirada en los problemas de mañana ¡porque hay suficientes problemas hoy como para ocuparnos! Mañana pertenece a Dios. Mañana está en sus manos. Cuando nosotros intentamos tomar mañana, intentamos quitar lo que le pertenece a él. Los pecadores desean tener lo que no es de ellos, y así se destruyen a sí mismos. Dios solamente nos ha dado el día de hoy. Dios prohíbe que nos preocupemos de lo que podría suceder. Esto está en sus manos enteramente. El hecho trágico es que las personas que se preocupan mucho no sólo desean lo que les es prohibido, sino que se niegan a usar lo que se les ha dado.

¿Es malo planear para el futuro?

Antes de proceder, hay un punto que debemos destacar: Cristo no se opone a la planificación para el día de mañana. Cristo no se opone a pensar en mañana o prepararse para el futuro. Lo que prohíbe son las preocupaciones, la angustia que nos lleva a llorar. No hay nada en Mateo 6 que prohíba la planificación para el futuro.
Las palabras de Santiago son vitales para comprender todo esto (Santiago 4:13ss). Algunos han malentendido este pasaje, interpretándolo como si Santiago estuviera en contra de todo tipo de planificación. Pero esto es exactamente lo contrario del sentido del texto. Es más, en este pasaje Santiago nos está explicando cómo debemos hacer planes. Lo que prohíbe son los planes incorrectos, y nos muestra cómo planificar de la manera que agrada a Dios. Planificar y preocuparse son dos cosas muy diferentes.

¿Cómo debemos planificar entonces? Santiago nos responde así, “Deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala”. Ahora podemos ver la gran diferencia. Santiago nos dice que debemos hacer planes sin preocuparnos. Es imposible no planear, pues siempre estamos haciendo algún tipo de planificación. Pero debe ser sin angustia. La persona que se preocupa actúa como si tuviera el futuro en la palma de su mano. Es arrogante. Santiago dice que debes presentar tus planes ante Dios y decir, “Señor, he intentado hacer mis planes lo mejor posible, según tu voluntad revelada en la Biblia. Pero yo sé que sólo tú eres soberano, y someto mis planes a ti. Sea hecha tu voluntad”.

Como Cristiano, sabes que tu vida pertenece a Dios por el mero hecho de ser su criatura. Pero también has sido comprado por precio, el precio de la muerte de Jesucristo, él que dio su vida para redimirte del pecado y la muerte eterna. El próximo respiro está en sus manos. De modo que debes decirle a Dios, “Te traigo mis planes para que los revises y los corrijas”. Cuando planificas de esta manera, llevando tus planes a Dios para ser revisados (y negados si fuera el caso), aceptando gozosamente la voluntad de Dios, entonces estás planificando como dice Santiago. ¿De qué te tienes que preocupar cuando realmente pones tus mejores planes en la mano de Dios?

Jay Adams, Cómo vencer las preocupaciones (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2011), 6–16.

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