JUNTOS PERO NO UNIDOS: ELEGIR LA INCAPACIDAD

Algunas personas optan por una opción diferente, pero no mejor que la anterior. Estas personas consideran que las diferencias son demasiado grandes como para poder vivir una vida normal, pero no tan grandes como para terminar completamente la relación matrimonial. Ellos deciden seguir viviendo juntos, pero cada uno hace sus decisiones y elige sus actividades.

como-afectan-los-problemas-de-pareja-a-los-hijosGeneralmente, cuando son matrimonios con hijos, los padres se resisten a dejar en ellos las marcas de un divorcio. Los cónyuges no soportan sus diferencias, siguen juntos, aunque lo hacen exclusivamente por los niños y tratan de buscar alguna forma de matrimonio que le proporcione a los hijos una buena imagen, pero en la práctica no existe ese matrimonio normal.

Incluso, pueden dormir en la misma cama y de vez en cuando, si la necesidad apremia, tener una relación corporal que culminará con un hombre satisfecho físicamente, una mujer que una vez más se siente como un objeto y que generalmente aparentará satisfacción sexual, pero en realidad es un acto que odia cada vez con mayor intensidad. En esta opción, los cónyuges viven como un matrimonio normal, pero buscan la mayor independencia posible. Estas parejas deciden manejar sus asuntos económicos en forma independiente y unen sus intereses sólo en lo que es indispensable.

Lamentablemente, en este tipo de relación, cada uno está calculando su involucramiento. Incluso, las amistades comienzan a ser diferentes y los cónyuges comienzan a frecuentar lugares distintos.

Hay intentos de acercamiento que son inmediatamente frenados si descubren que su cónyuge puede pensar que está mostrando una imagen de debilidad. Ambos desearían volver a ser un matrimonio normal, pero el temor a ser abusado y el orgullo por no demostrar que está cediendo son una buena combinación de impedimentos de la restauración de la relación conyugal.

Poco a poco la pareja va perdiendo las cosas que tenían en común. Ya no hay preguntas acerca de lo que hicieron durante el día, ni acerca de adónde fueron, aunque se molestarán grandemente si llegan a enterarse de que el cónyuge está haciendo algo que considera inadecuado.

Estos matrimonios viven en la incertidumbre. No saben qué vendrá mañana. Se van perdiendo todas las cosas comunes. No pueden invitar amigos, no pueden hablar de temas comunes, las conversaciones son cortas y calculadas y los movimientos son tan planificados como en un juego de ajedrez. Las comidas en que coinciden están matizadas por el ruido de las cucharas en el plato y la televisión encendida.

De vez en cuando una conversación con los niños, aunque cada uno de los cónyuges cambiará el tema a su entera discreción y los niños conversarán con uno o con otro dependiendo de quién tenga el turno en el diálogo. La independencia que parecía saludable para poder vivir con sus respectivas diferencias se va convirtiendo en aislamiento, en soledad extrema. Es en estas circunstancias que comienza a hacerse real el dicho que dice: «es mejor estar solo que mal acompañado», u otro dicho que dice: «con esos amigos, para qué enemigos».

Para los matrimonios que se encuentran viviendo esta realidad, las diferencias se ahondan, no se suavizan, la independencia los aleja, no los acerca, el matrimonio se va destruyendo, no construyendo. Vivir así no es buscar una solución, sino más bien seguir una opción errónea.

Vivir así no es buscar una solución.

Algunos dicen «no hay mal que dure cien años», pero también debemos decir «que no hay racional que lo aguante». Esa no es vida, ni para los cónyuges, y peor para los hijos. Si usted cree que está haciendo un bien a sus hijos, le advierto que les hará más mal que el bien que ha pensado hacerles. Como una forma de provocar la reflexión de las personas que han decidido vivir de esta manera, quisiera presentarles algunas interrogantes: ¿Recuerda usted como placenteros aquellos momentos en que tuvo la oportunidad de ser testigo de algún conflicto entre sus padres? ¿Sintió alegría, contentamiento, tuvo seguridad, certidumbre, mejoró sus calificaciones en la escuela? ¿Piensa usted, ahora que es un adulto, que fueron provechosos aquellos momentos en que por los conflictos que existieron entre sus padres tuvo la oportunidad de aprovecharse de pedir dinero a cada uno de ellos, solamente porque ellos estaban enojados? ¿No es cierto que se puso más llorón, y mucho más sentimental cuando en su hogar existían conflictos? ¿No recuerda ahora que hizo cosas tontas, sin saber que estaba tratando de llamar la atención? ¿No es cierto que bajó sus calificaciones y sintió que el temor y la incertidumbre por momentos consumían su corazón de niño?

terapia-de-pareja-bmmblog-mamas-modernasMi pregunta final es: ¿Por qué cree que sus hijos no sufrirán lo mismo, ahora que ustedes son adultos y tienen conflictos? ¿Y qué le hace pensar que ellos no tendrán marcas en su personalidad por la inseguridad que como padres les están proveyendo?

Si pudiera escuchar sus respuestas sé que estarían de acuerdo conmigo: de que el mismo peligro, grande o pequeño que usted vivió, es el que están viviendo sus hijos. Quienes determinan vivir de la manera descrita, no han hecho nada más que elegir una parálisis progresiva y poco a poco irán perdiendo control de sus vidas y de sus matrimonios. Cada vez tendrán más impedimentos para hacer lo que anhelan, y de esa manera la relación conyugal morirá lentamente, aunque parte de ella ya está absolutamente muerta.

Fuente: David Hormachea, Para Matrimonios Con Amor (Miami, Florida: Editorial Unilit, 1994), 27–30.

 

ELIJA LO MEJOR… SALVE A SU FAMILIA A LA MANERA DE DIOS

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EL CARÁCTER Y LOS NIÑOS

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La importancia del carácter

El único tesoro que se lleva de este mundo. Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero. Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo llevarán consigo, a las mansiones celestiales, toda adquisición divina. Y en el cielo mejoraremos continuamente. Cuán importante es, pues, el desarrollo del carácter en esta vida (Lecciones prácticas del gran maestro, pág. 303).

El carácter íntegro es una cualidad del alma. La habilidad mental y el genio no son el carácter, porque a menudo son posesión de quienes tienen justamente lo opuesto a lo que es un buen carácter. La reputación no es el carácter. El verdadero carácter es una cualidad del alma que se manifiesta en la conducta (Youth’s Instructor, 3-11-1886).

Un buen carácter es un capital de más valor que el oro o la plata. No lo afectan los pánicos ni los fracasos y, en aquel día en que serán barridas las posesiones terrenales, os producirá ricos dividendos. La integridad, la firmeza y la perseverancia son cualidades que todos deben procurar cultivar fervorosamente; porque invisten a su poseedor con un poder irresistible, un poder que lo hará fuerte para hacer el bien, fuerte para resistir el mal y para soportar la adversidad (Consejos para los maestros, pág. 174).

Sus dos elementos esenciales. La fuerza de carácter consiste en dos cosas: la fuerza de voluntad y el dominio propio. Muchos jóvenes consideran equivocadamente la pasión fuerte y sin control como fuerza de carácter; pero la verdad es que el que es dominado por sus pasiones es un hombre débil. Las verdaderas grandeza y nobleza del hombre se miden por su poder de subyugar sus sentimientos, y no por el poder que tienen sus sentimientos de subyugarlo a él. El hombre más fuerte es aquel que, aunque sensible al maltrato, refrena sin embargo la pasión y perdona a sus enemigos (Ibíd., pág. 171).

Más necesario que la ostentación. Si se considerara tan importante que los jóvenes posean un carácter hermoso y una disposición amistosa como se estima importante que imiten las modas del mundo en el vestir y el comportarse, veríamos a cientos, donde hoy vemos a uno, que suben al escenario de la vida activa preparados para ejercer una influencia ennoblecedora sobre la sociedad (Fundamentals of Christian Education, pág. 69).

Su desarrollo es la obra de toda la vida. La formación del carácter es la obra de toda la vida, y es para la eternidad. Si todos comprendieran esto, si despertaran al pensamiento de que individualmente estamos decidiendo nuestro propio destino para la vida eterna o la ruina eterna, ¡qué cambio ocurriría! ¡En qué forma diferente ocuparíamos este tiempo de prueba y qué caracteres diferentes llenarían nuestro mundo! (Youth’s Instructor, 19-2-1903).

Desarrollo y crecimiento. La germinación de la semilla representa el comienzo de la vida espiritual, y el desarrollo de la planta es una figura del desarrollo del carácter. No puede haber vida sin crecimiento. La planta crece o muere. Del mismo modo que su crecimiento es silencioso, imperceptible pero continuo, así es también el crecimiento del carácter. En cualquier etapa del desarrollo, nuestra vida puede ser perfecta; sin embargo, si se cumple el propósito de Dios para con nosotros, habrá un progreso constante (La educación, págs. 101, 102).

Es la cosecha de la vida. El carácter es la cosecha de la vida, y esto es lo que determina el destino, tanto para esta vida como para la venidera.

La cosecha es la reproducción de la semilla sembrada. Toda semilla da fruto “según su género”. Lo mismo ocurre con los rasgos de carácter que fomentamos. El egoísmo, el amor propio, el engreimiento, la propia complacencia, se reproducen, y el final es desgracia y ruina. “Por que el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gál. 6:8). El amor, la simpatía y la bondad dan fruto de bendición, una cosecha imperecedera (Ibíd., págs. 104, 105).

La mayor evidencia del cristianismo. Si las madres cristianas presentaran a la sociedad niños con caracteres íntegros, con firmes principios y una moral sólida, habrían realizado la más importante de todas las labores misioneras. Sus hijos, cabalmente educados para ocupar sus lugares en la sociedad, constituyen la mayor evidencia del cristianismo que pueda darse al mundo (Pacific Health Journal, junio de 1890).

La influencia de un hijo debidamente educado. No hay otra obra más elevada que haya sido encomendada a los mortales que la formación del carácter. Los hijos no solo deben ser educados sino también formados; y ¿quién puede predecir el futuro de un niño o un joven? Ejerzan el mayor cuidado sobre la formación de sus hijos. Un niño debidamente disciplinado en los principios de la verdad, que tiene el amor y el temor de Dios entretejidos en su carácter, poseerá un poder para el bien en el mundo que no puede estimarse (Signs of the Times, 13-7-1888).

Cómo se forma el carácter

Se logra mediante el esfuerzo perseverante e incansable. El carácter no se adquiere por casualidad. No queda determinado por un arranque temperamental, por un paso en la dirección equivocada. Es la repetición del acto lo que lo convierte en hábito y moldea el carácter para el bien o para el mal.

Los caracteres rectos pueden formarse únicamente mediante el esfuerzo perseverante e incansable, utilizando para la gloria de Dios cada talento y capacidad que él ha dado. En lugar de hacer esto, muchos se dejan llevar adonde los impulsos o las circunstancias quieren. No se debe esto a que les falte buen material, sino a que no comprenden que en su juventud Dios quiere que hagan lo mejor posible (Youth’s Instructor, 27-7-1899).

Nuestro primer deber con Dios y nuestros semejantes es el desarrollo de nosotros mismos. Cada facultad con la cual nos ha dotado Dios debería cultivarse hasta el grado más alto de perfección, a fin de ser capaces de hacer la mayor cantidad de bien posible. Para purificar y refinar nuestros caracteres, necesitamos la gracia dada por Cristo, que nos capacitará para ver y corregir nuestras deficiencias, y aprovechar los rasgos excelentes de nuestros caracteres (Pacific Health Journal, abril de 1890). Cultivemos las facultades dadas por Dios. En extenso grado, cada uno es arquitecto de su propio carácter. Cada día la estructura se acerca más a su terminación. La Palabra de Dios nos amonesta a prestar atención a cómo edificamos, a cuidar de que nuestro edificio esté fundado en la Roca eterna. Se acerca el momento en que nuestra obra quedará revelada tal cual es. Ahora es el momento en que todos han de cultivar las facultades que Dios les ha dado y formar un carácter que los haga útiles aquí, y alcanzar la vida superior más allá.

La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez al carácter. Los que tienen verdadera fe en Cristo serán serios, recordando que el ojo de Dios los ve, que el Juez de todos los hombres pesa el valor moral, que los seres celestiales observan qué clase de carácter están desarrollando (Consejos para los maestros, pág. 172).

Es influido por cada acto. Cada acto de la existencia, por muy insignificante que sea, tiene su influencia en la formación del carácter. Un buen carácter es más precioso que las posesiones mundanales; y la obra de su formación es la más noble a la cual puedan dedicarse los hombres.

Los caracteres formados por las circunstancias son variables y discordantes, una masa de sentimientos encontrados. Sus poseedores no tienen un blanco elevado o un fin en la vida. No ejercen influencia ennoblecedora sobre el carácter de los demás. Viven sin propósito ni poder (Joyas de los testimonios, t. 1, págs. 603, 604).

Se perfecciona al seguir la norma de Dios. Dios espera que edifiquemos nuestros caracteres de acuerdo con la norma que él nos ha dado. Debemos colocar ladrillo sobre ladrillo, añadiendo gracia sobre gracia, descubriendo nuestros puntos débiles y corrigiéndolos de acuerdo con la dirección dada. Cuando se advierte una resquebrajadura en las murallas de una mansión, sabemos que hay algo malo en el edificio. En la edificación de nuestro carácter a menudo se ven resquebrajaduras. A menos que remediemos estos defectos, la casa caerá cuando la tempestad de la prueba la azote (Youth’s Instructor, 25-10-1900)

Dios nos da fortaleza, razonamiento y tiempo, a fin de que edifiquemos caracteres que él pueda aprobar. Quiere que cada uno de sus hijos edifique un carácter noble, realizando obras puras y nobles, para que al final pueda presentar una estructura simétrica, un hermoso templo, honrado por el hombre y por Dios.

En la edificación de nuestro carácter, debemos construir sobre Cristo. Él es nuestro seguro fundamento, un fundamento que es inconmovible. La tempestad de la tentación y las pruebas no pueden mover el edificio que está fundado en la Roca eterna.

El que quiera transformarse en un hermoso edificio para el Señor debe cultivar cada actitud de su ser. Únicamente empleando debidamente los talentos es posible desarrollar armoniosamente el carácter. Así ponemos como fundamento lo que, en la Palabra, se representa como oro, plata, piedras preciosas: material que resistirá la prueba de los fuegos purificadores de Dios. Cristo es nuestro ejemplo en nuestra edificación del carácter (Ibíd., 16-5-1901).

Hay que resistir la tentación. La vida de Daniel es una ilustración inspirada de lo que constituye un carácter santificado. Presenta una lección para todos y especialmente para los jóvenes. Un estricto cumplimiento de los requerimientos de Dios es beneficioso para la salud del cuerpo y de la mente (La educación cristiana, pág. 268).

Los padres de Daniel lo habían educado, en su infancia, en hábitos de estricta temperancia. Le habían enseñado que debía obedecer las leyes de la naturaleza en todos sus hábitos; que sus hábitos de comer y beber ejercían una influencia directa sobre su naturaleza física, mental y moral, y que era responsable delante de Dios por sus aptitudes; porque las poseía como un don de Dios y por ningún motivo debía empequeñecerlas o invalidarlas. Como resultado de esta enseñanza, la Ley de Dios fue exaltada en su mente y reverenciada en su corazón. Durante los primeros años de su cautiverio, Daniel pasó por una prueba que debía familiarizarlo con la grandeza de la corte, con la hipocresía y el paganismo. ¡En verdad era una extraña escuela a fin de capacitarlo para la vida de sobriedad, trabajo y fidelidad! Y, sin embargo, vivió sin corromperse por la atmósfera de mal con la que estaba rodeado.

Daniel y sus compañeros gozaron precozmente de los beneficios de las correctas educación y enseñanza, pero estas ventajas solas no habrían podido hacer de ellos lo que fueron. Llegó el tiempo cuando debieron obrar por sí mismos, cuando su futuro dependió de su propia conducta. Entonces decidieron ser fieles a las lecciones recibidas en su infancia. El temor de Dios, que es principio de la sabiduría, fue el fundamento de su grandeza. El Espíritu de Dios fortaleció cada propósito genuino, cada noble resolución (Manuscrito 132, 1901).

El blanco debe ser elevado. Si los jóvenes de la actualidad quieren obrar como obró Daniel, deben poner en acción cada nervio y fibra espirituales. El Señor no quiere que sean siempre novicios. Quiere que alcancen el peldaño más alto de la escalera, para que de allí entren en el Reino de Dios (Youth’s Instructor, 27-7-1899).

Si los jóvenes aprecian debidamente la importancia de la edificación del carácter, verán la necesidad de hacer su obra de modo que soporte la prueba de la investigación delante de Dios. Los más humildes y débiles, mediante un esfuerzo perseverante en resistir la tentación y buscar la sabiduría de lo Alto, pueden alcanzar cimas que ahora les parecen imposibles. Estas realizaciones no se lograrán sin un propósito resuelto de ser fieles en el cumplimiento de los pequeños deberes. Se requiere una constante vigilancia para impedir que se fortalezcan los malos rasgos. Los jóvenes pueden tener poder moral, porque Jesús vino al mundo para ser nuestro ejemplo, y dar ayuda divina a todos, tanto jóvenes como adultos (Ibíd., 3-11-1886)

Escúchense el consejo y el reproche. Los que tienen defectos de carácter, conducta, hábitos y prácticas, deben escuchar los consejos y los reproches. Este mundo es el taller de Dios, y cada piedra que pueda utilizarse en el templo celestial debe ser cortada y pulida hasta que se convierta en una piedra probada y preciosa, apta para ocupar su lugar en el edificio del Señor. Pero, si rehusamos ser enseñados y disciplinados, seremos como piedras que no serán cortadas y pulidas, y que son desechadas como inútiles (Ibíd., 31-8-1893).

Es posible que sea necesario realizar mucho trabajo en la formación de su carácter, y que usted sea una piedra tosca, que debe ser cortada en perfecta escuadra y pulida antes de que pueda ocupar un lugar en el templo de Dios. No necesita sorprenderse si, con martillo y cincel, Dios corta las aristas agudas de su carácter, hasta que usted esté preparado para ocupar el lugar que él le reserva. Ningún ser humano puede realizar esta obra. Únicamente Dios puede hacerla. Y tenga usted la seguridad de que no asestará él un solo golpe inútil. Da cada uno de sus golpes con amor, para su felicidad eterna. Conoce sus flaquezas, y obra para curar y no para destruir (Joyas de los testimonios, t. 3, pág. 204).

FUENTE: Elena G. de White, Conducción Del Niño, ed. Pablo M. Claverie, Segunda edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008), 85–90.

ACCIONES QUE DEBILITAN Y DESTRUYEN A LA FAMILIA

2 Samuel 3:1

Hay acciones que envuelven a las personas hasta el punto de debilitarlos y destruirlos a ellos de forma individual, pero de igual manera esos actos los llevan a causar un desastre en su propia casa. Las consecuencias pueden ser fatales y terminar con las más fuertes relaciones existentes dentro del seno familiar. Se rompen lazos no sólo matrimoniales sino también entre padres e hijos. Solamente la comunión con Dios nos puede librar de esta clase de pecados. A través de la vida de Abner veremos algunos casos que pueden derivar en el desastre para los nuestros.

1. La perversión sexual

Cuando la perversión sexual se introduce en el hogar. Abner era de la familia de Saúl, fungía como capitán de la guardia real. A la muerte del monarca, el oficial se enredó sexualmente con la concubina del difunto. Is-boset, uno de los hijos menores del rey le reclamó la acción, pero el fornicario reaccionó con enojo, pues sentía la autoridad y el derecho de hacer cuanto le viniera en gana (3:6–8). La degradación había llegado a niveles tan bajos que aquel hombre piensa que el adulterio sólo se puede contar como pecado para la mujer, pero no para el varón, pues él creía tener dignidad para sus hechos por que había tenido misericordia de la familia de su señor (3:8).

Tanto el adulterio como la fornicación son pecados que dañan la estructura familiar y ponen en riesgo la estabilidad espiritual, económica y moral de la casa. Pablo dice que cualquier otra infracción a los estatutos divinos está fuera del cuerpo, pero los sexuales afectan el alma del hombre y la mujer, rompiendo la unidad del hogar. Se pierde la santidad y la confianza, se contamina el espíritu con manchas que no se borran con facilidad. Es cierto que si confesamos el Señor nos perdona, pero la caída hará que sea difícil levantarse por completo. Oremos que el Todopoderoso guarde nuestras familias de este tipo de aberraciones.

Hebreos 13:4 dice que el matrimonio debe ser honroso y el lecho permanecer sin mancilla. Pablo afirma que la voluntad de Dios es que procuremos la santificación y que nos apartemos de fornicación. Tengamos cuidado de no permitir que en el hogar incube el mal que arruina familias y destruye la unión entre los esposos. Démosle a la pareja toda la atención que requiera y vigilemos a nuestros hijos, que ellos tengan conciencia de que ni el Señor ni nosotros convivimos con los fornicarios.

2. La traición

Cuando se pierde la lealtad entre los miembros de la familia. Abner era de la casa de Saúl, pero cuando murió el rey, aquél lo traicionó en varias formas. Primero se metió sexualmente con su mujer; después maltrató a sus hijos con violencia, al grado que le tenían miedo (3:11); luego se unió a los enemigos de su padre y abandonó a los huérfanos dejándolos en desgracia; ofreció el reino a David contra su familia. La ira por ser confrontado con el pecado lo envolvió y prefirió rebelarse que arrepentirse (3:9, 10).

Alimentemos la lealtad entre los miembros de la familia. Enseñemos a los nuestros la verdad de que la mayor fidelidad se debe a los de casa y no a los ajenos, a los propios y no a los extraños. Desde el hogar preparemos a los hombres y las mujeres leales del mañana. Protejámoslos contra la traición. Cultivemos el amor los unos hacia los otros. Seamos fieles a Dios en primer lugar, luego a nuestros seres amados; hagámoslo de igual forma en la congregación. Practiquemos este valor cristiano para que lo cosechemos también.

3. La violencia

Muchas familias sufren el mal de la violencia. Abner era tan irascible y violento que los mismos príncipes le temían (3:11). Demasiado daño y grandes heridas se provocan en los hogares en momentos de explosión del enojo. Padres gritan y maltratan a los hijos, esposos a esposas y viceversa. No es lo mismo el miedo que el respeto. A los maltratadores se les teme, no se les respeta; no se les ama, sino que se les obedece o tolera por debilidad y no voluntariamente. Abundan las casas deshechas y las familias fracturadas por la violencia.

Procuremos la paz con todos, no demos lugar al diablo dejando que el sol se ponga sobre nuestro enojo. Calmemos el temperamento, controlemos el mal carácter. Apliquemos disciplina con amor y no con odio, con equidad y no desmedidamente. No provoquemos a ira a los nuestros, cuidemos las palabras que decimos en los momentos de crisis y acaloramiento. Bien haremos si oramos a Dios que nos ayude a autocontrolarnos. El Espíritu Santo produce un fruto que se llama dominio propio que nos da la capacidad de frenar las pasiones, la lengua y las manos, de tal manera que mostremos paciencia y amor en todo momento. Pidámoslo con fervor.

Conclusión

La casa de Saúl se vio destruida porque se apartaron de Dios hacia la práctica de lo que prohíbe la Palabra de Dios. Los lazos de amor, lealtad y fraternidad se debilitan en la familia por dejar que la inmundicia entre en ella. El odio, la traición y la violencia acaban con el fundamento de cualquier hogar. De pronto los pleitos familiares se presentan, se afectan a otros y se vuelve un lugar de contienda. El enemigo se encarga de que todos los males se vuelquen sobre padres e hijos, tíos y sobrinos, primos y parientes, todo es cuestión de que se abra la puerta al pecado y se tolere la malicia. Pero el Señor de toda gracia es capaz de ayudarnos a sostener de pie nuestra morada. El fruto del Espíritu Santo será la clave para dar fuerza y solidez a los nuestros de manera que soporten todo tipo de crisis por dura que parezca.

 

Fuente:
José M. Saucedo Valenciano, Aliento del cielo para la familia, ed. David Alejandro Saucedo Valenciano (El Principio de la Sabiduría, 2013), 63–66.

ELECCIÓN DEL CÓNYUGE: COMPATIBILIDAD

Adaptados el uno al otro.– En muchas familias no existe aquella cortesía cristiana, aquella urbanidad verdadera, deferencia y respeto de unos hacia otros que habrían de preparar a sus miembros para casarse y formar familias felices. En lugar de paciencia, bondad, tierna cortesía, así como simpatía y amor cristianos, se notan palabras mordaces, ideas que contrarían y un espíritu de crítica y dictadura.

Muchas veces ocurre que antes de casarse las personas tienen poca oportunidad de familiarizarse con sus mutuos temperamentos y costumbres; y en cuanto a la vida diaria, cuando unen sus intereses ante el altar, casi no se conocen. Muchos descubren demasiado tarde que no se adaptan el uno al otro, y el resultado de su unión es una vida miserable. Muchas veces sufren la esposa y los niños a causa de la indolencia, la incapacidad o las costumbres viciosas del marido y padre.

Hoy está el mundo lleno de miseria y pecado a consecuencia de los matrimonios mal concertados. En muchos casos se requiere sólo pocos meses para que el esposo o la esposa se percate de que sus temperamentos nunca podrán armonizar, y el resultado es que reina en el hogar la discordia, cuando sólo deberían existir el amor y la armonía del cielo.

Las discusiones por asuntos triviales cultivan un espíritu amargo. Los francos desacuerdos y los altercados causan indescriptible desgracia en el hogar, y apartan a los que deberían estar unidos por los lazos del amor. Miles se han sacrificado a sí mismos, en alma y cuerpo, por causa de matrimonios imprudentes, y han descendido por la senda de la perdición.

Divergencias perpetuas en un hogar dividido.– La felicidad y prosperidad de la vida matrimonial dependen de la unidad de los cónyuges. ¿Cómo puede armonizar el ánimo carnal con el ánimo que se ha asimilado el sentir de Cristo? El uno siembra para la carne, piensa y obra de acuerdo con los impulsos de su corazón; el otro siembra para el Espíritu, tratando de reprimir el egoísmo, vencer la inclinación propia y vivir en obediencia al Maestro, cuyo siervo profesa ser. Así que hay una perpetua diferencia de gusto, inclinación y propósito. A menos que el creyente gane al impenitente por su firme adhesión a los principios cristianos, lo más común es que se desaliente y venda esos principios por la compañía de una persona que no está relacionada con el Cielo.

Casamientos arruinados por la incompatibilidad.– Muchos casamientos no pueden sino producir desgracia; y sin embargo el ánimo de los jóvenes los induce a contraerlos porque Satanás los inclina a ello, haciéndoles creer que deben casarse para ser felices, cuando no son capaces de dirigirse a sí mismos ni sostener una familia. Los que no están dispuestos a adaptarse el uno al otro en sus disposiciones, para evitar las divergencias y contiendas desagradables, no debieran dar aquel paso. Pero ésta es una de las trampas seductoras de los postreros días, en las que miles quedan arruinados para esta vida y la venidera.

Consecuencias del amor ciego.–Toda facultad de los que son afectados por esta enfermedad contagiosa: el amor ciego, queda sometida a ella. Parecen desprovistos de buen sentido, y su conducta repugna a quienes la contemplan… En muchos casos, la enfermedad hace crisis con un casamiento prematuro, y una vez pasada la novedad y disipado el poder hechicero del galanteo, una de las partes o ambas se despiertan y comprenden la situación verdadera. Se reconocen entonces mal apareados, pero unidos para toda la vida. Ligados el uno con el otro por los votos más solemnes, consideran con desaliento la vida miserable que les tocará llevar. Debieran entonces sacar el mejor partido posible de su situación pero muchos no obran así. O faltan a sus votos matrimoniales o amargan de tal manera el yugo que insistieron en colocar sobre su propia cerviz que no pocos acaban cobardemente con su existencia.

De allí en adelante ambos esposos debieran dedicarse a estudiar la manera de evitar todo lo que pudiera causar contienda o inducirles a violar sus votos matrimoniales.

La experiencia ajena alecciona.– El señor A. está dotado de una naturaleza que Satanás emplea como instrumento con éxito asombroso. Se trata de un caso que debiera enseñar una lección a los jóvenes acerca del matrimonio. Su esposa se guió por los sentimientos e impulsos, no por la razón y el juicio, al elegir cónyuge. ¿Fue su casamiento el resultado de un amor verdadero? No, de ningún modo. Fue resultado del impulso, de la pasión ciega, no santificada. Ni el uno ni el otro estaban preparados para las responsabilidades de la vida matrimonial. Cuando la novedad del nuevo estado se disipó y cada uno conoció al otro, ¿llegó su amor a ser más fuerte, su afecto más profundo, y se fusionaron sus vidas en hermosa armonía? Sucedió precisamente lo opuesto. Los peores rasgos de su carácter se intensificaron con el ejercicio; y en vez de estar henchida de felicidad, su vida matrimonial rebosó de aflicción.

Durante años, he venido recibiendo cartas de diferentes personas que habían contraído matrimonios infortunados, y las historias repugnantes que me fueron presentadas bastan para hacer doler el corazón. No es ciertamente cosa fácil decidir qué clase de consejos se puede dar a estas personas desdichadas, ni cómo se podría aliviar su condición, pero por lo menos su triste suerte debe servir de advertencia para otros.9

Fuente:
Elena G. de White, El hogar cristiano, Primera edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 70–72.

CUANDO EL CÓNYUGE NO ES CREYENTE

Malos Entendidos Comunes en Cuanto a Matrimonios Mixtos

• En tanto que el hecho de que un creyente se case con un incrédulo es pecado, permanecer casado no lo es. Cada día en ese matrimonio no es un día que se vive en el pecado. Una vez que hay confesión y arrepentimiento del pecado inicial, el mismo creyente — y Dios— puede abrazar por completo el matrimonio en sí mismo. El creyente puede y debe librarse de la culpa después de arrepentirse y recibir perdón.creyente

• El creyente no es responsable por la salvación del cónyuge no creyente. ¿Interesado? ¡Sí! Pero algunos que están casados con no creyentes piensan que sólo pueden expiar su culpa asegurando la salvación del otro. Esto es una receta para el desastre. Sermonear o testificar duramente al cónyuge incrédulo por lo general resulta contraproducente.

• Un matrimonio feliz no se descarta automáticamente. A decir verdad, un matrimonio mixto puede en realidad ser muy satisfactorio. Creer esto puede convertirse en profecía de cumplimiento propio. No todos los problemas en el matrimonio se deben a estar en yugo desigual. Los matrimonios creyentes tienen abundancia de problemas, también, y la mayoría de ellos se deben a que dos pecadores caídos viven en contacto íntimo.

Considera esto

PREDIQUE CON SU VIDA, NO CON SUS LABIOS. “Es por la predicación silenciosa de la hermosura de su vida que hace caer las barreras del prejuicio y hostilidad.”3 El cónyuge no creyente a menudo considera el testimonio verbal como un hostigamiento o un ultimátum.

UN “ESPÍRITU MANSO Y APACIBLE” ES DINAMITA ESPIRITUAL. Cuando permitimos que Dios cultive dentro de nosotros un corazón atractivo, liberamos un perfume irresistible. El aroma es algo que el amor de Dios derrama en nuestros corazones (Ro. 5:5), y es el mismo amor que nos atrajo a Cristo. No tiene sentido cuando vemos que Dios nos atrae a Sí mismo con gran amor y luego nosotros dedicamos a perseguir al cónyuge no creyente como con un proyectil espiritual.

creyentes 2A SIMPATÍA ES ESENCIAL. La palabra simpatía en realidad quiere decir “sufrir con.” La posición del incrédulo debe tocar profundamente al creyente. ¿Dónde el incrédulo sufre o siente dolor? ¿Sabe el creyente la experiencia del incrédulo? Saber es un requisito previo para sentir compasión por el cónyuge, y si el cónyuge nunca ha hablado de tales experiencias, recuerde que todo mundo tiene una historia que contar.

Cueste lo que cueste

Los matrimonios de creyentes y matrimonios mixtos tienen esto en común: la esposa creyente debe ser una ayuda idónea sea el esposo creyente o no, y el esposo creyente debe vivir con su esposa de una manera comprensiva sea ella creyente o no. En otras palabras, los principios bíblicos de ser un cónyuge piadoso se aplican universalmente, y un matrimonio mixto se beneficiará de ellos tanto como el matrimonio de ambos cónyuges creyentes.

Para el Esposo Creyente

Maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva[a] con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas. (1 Pedro 3:7).
Un esposo comprensivo es estas tres cosas:

1. Un estudiante de su esposa — ¿Cuán bien conoce el esposo a su esposa? ¿La ha estudiado con amor intenso? ¿Percibe él cuáles cosas son importantes para ella? ¿Entiende las cosas que le producen dolor a ella? ¿Qué tal de las cosas que la alegran o la entristecen? ¿Entiende él la filosofía de ella de la vida y conoce sus deseos y metas?

2. Es sensible a su debilidad física — Una mujer no se supone que deba ser el hombre guía para las batallas por la vida. El hombre, por diseño de Dios, es el hombre guía para su esposa e hijos. En lugar de ser honradas como vaso más débil, muchas mujeres se sienten como si se las considerara mulas de carga. Los esposos necesitan captar cuán profundamente pueden tocar a sus esposas haciendo provisión para que ellas descansen y para evitar que se agoten. Por ejemplo: cuide a los hijos y dele a la esposa una noche o un sábado libre, para descansar, para ir de compras o hacer cosas con sus amigas.

3. Está comprometido a valorar a su esposa — En lugar de imponer sobre ella sus creencias, el esposo puede asegurarse de que su esposa se siente valorada, comunicando así a Cristo de manera mucho más efectiva.

Para la Esposa Creyente

creyente 3Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él» (Génesis 2:18).

Una ayuda idónea es estas tres cosas:

1. Un remedio para la soledad del hombre — La masculinidad necesita de la feminidad. Una esposa creyente tiene el toque complementario de Cristo que la capacita para suplir la necesidad que su esposo tiene de compañerismo de una manera singular. Tristemente, muchas esposas creyentes abandonan emocionalmente al esposo no creyente debido a que están enojadas o avergonzadas por tener una relación imperfecta.

2. “Una que corre al grito de auxilio”— La palabra griega que significa “correr al grito” se escogió para traducir la palabra hebrea ayuda. Las necesidades del hombre claman, y la mujer corre para suplir lo que el hombre no puede darse a sí mismo. El consejero puede ayudar a la aconsejada a preguntar: “¿Qué es aquello por lo que está clamando mi esposo?”

3. Es el complemento opuesto del esposo — La esposa hace completo a su esposo al buscar maneras de ministrarle a él en sus áreas de debilidad.

 

Fuente:
Charles Swindoll, Cónyuge no creyente: Viendo el Matrimonio con un Incrédulo como un Ministerio Dado por Dios, vol. 6, Perspectivas para aconsejar: Matrimonio (Frisco, TX: Visión Para Vivir, 2015), 2.

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CAUSAS DEL DIVORCIO

¿Por qué es tan alta la tasa de divorcios comparada con la de hace cincuenta años?

La ética situacional o relativismo moral ha provocado el rechazo de los absolutos morales (que marcan lo que es bueno o malo) y además justifica el pecado. La influencia del mundo sobre nuestros valores hace que el divorcio se perciba no como una solución alternativa aceptable, sino como la única para arreglar las dificultades matrimoniales.

“(Oh almas adúlteras!) No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4)

Divorcio
A. Causas externas que favorecen el divorcio

Una generación adúltera

• Falta de convicciones morales firmes18
• Surgimiento de leyes “fáciles” para divorciarse
• Relaciones sexuales antes del matrimonio
• Preocupación excesiva por la ganancia económica y material
• Buscar éxito en la profesión
• Buscar la felicidad egoístamente
• Enfocarse en los derechos personales19
• Experimentar luchas de identidad, la crisis de la media vida o el síndrome del nido vacío
• Carecer de un sentido de significancia y propósito en la vida
• Creer en el mito del matrimonio ideal
B. La raíz del problema

Un corazón endurecido

“Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; mas el que endurece su corazón caerá en el mal” (Proverbios 28:14)

C. Problemas comunes en las relaciones matrimoniales que generalmente terminan en divorcio

El cónyuge endurecido

 

El cónyuge confiado

 

Está insatisfecho con el matrimonio y decide que el otro tiene la culpa

 

No está consciente de la insatisfacción que experimenta su cónyuge con el matrimonio

 

Permite que algún evento (por pequeño que sea) detone su decisión de divorciarse22

 

No está consciente de ese evento ni de su responsabilidad por haber herido a su cónyuge de alguna manera

 

No comunica abiertamente sus sentimientos sino que permite que la relación se perjudique

 

Percibe que la relación se ha tornado difícil pero soporta las reacciones del cónyuge

 

Lleva un diario mental de todas las injusticias que percibe en su cónyuge

 

Está consciente del negativismo de su cónyuge pero no puede identificar cuál es el problema exactamente

 

Permanece distante e inconforme, buscando motivos para la ruptura

 

Sigue decepcionando a su cónyuge sin darse cuenta

 

De pronto decide abandonar al otro debido a una crisis o al interés que tiene en otra persona

 

Se sorprende grandemente al saber que su cónyuge está considerando divorciarse

 

Presiona a su cónyuge para obtener el divorcio

 

Se resiste al divorcio y trata de cambiar su conducta

 

Se siente completamente justificado y decidido a lograr el divorcio

 

Se siente culpable, se torna agresivo y queda devastado por la ruptura del matrimonio

 

“Se rebeló y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para no volverse a Jehová el Dios de Israel” (2 Crónicas 36:13)

 

“Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón”. (Salmos 38:8)

 

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CREENCIA ERRÓNEA:

No hay amor en mi matrimonio. La vida es muy corta y tengo derecho a buscar la felicidad y satisfacción personal en otro lado.
CREENCIA CORRECTA:

Dios quiere que ame y respete a mi cónyuge usando los recursos del su amor y la fortaleza que él me ha dado. Buscaré a Dios para obtener satisfacción personal.

“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24)

Fuente:

June Hunt, 100 Claves Bíblicas para Consejería, vol. 33 (Dallas, TX: Esperanza para el corazón, 1990–2011), 11–13.

LA IMPORTANCIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN LA FAMILIA

Lucas 1:5–25

Zacarías y Elisabet fueron un matrimonio que se mantuvo unido en el servicio a Dios a pesar de las pruebas y de la crisis provocada por la esterilidad de ella. Pero el Señor a su tiempo los bendijo y llegó Juan a formar parte de esta familia especial. Su unidad en la búsqueda de la voluntad divina y su disciplina en la oración y la piedad nos enseñan ahora principios importantes para convertir nuestras casas en lugares llenos de bendición y estabilidad espiritual.

familia espirittual 2
1. Los padres unidos en la búsqueda de Dios

La Escritura nos dice que Zacarías y su esposa eran justos, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor (v. 6). Cuando el anciano sacerdote oficiaba en el templo recibió la bendición de ser visitado personalmente por el ángel Gabriel para darle una buena noticia referente a la petición que por mucho tiempo puso ante Dios. Tu oración ha sido oída, le declaró el mensajero celestial (v. 13). Elisabet también era una mujer espiritual, llena de fe, escogida para traer al mundo al más grande de los profetas. Tan especial era este hogar que María, estando encinta de Jesús, se quedó unos meses a vivir con ellos. La que sería madre de Juan el Bautista fue llena del Espíritu Santo cuando recibió la visita de su prima, quien traía en su vientre al Salvador. Lucas 1:41

2. Los padres unidos para cultivar la espiritualidad en sus hijos

Este fue un hogar apropiado para la crianza de un futuro siervo del Señor. Tanto Zacarías como Elisabet reunían los requisitos para formar al varón que Dios necesitaba. Era una familia donde la espiritualidad que requería un profeta fue proporcionada por los padres. Podemos imaginar a Juan el Bautista contemplar a sus padres en largos períodos de oración e intercesión por Israel; los veía dar gracias por los alimentos, ayudar a los necesitados, leer las Escrituras. De este modo recibió una formación piadosa.

Sin duda Zacarías se esforzaría tanto más por saber la responsabilidad que Jehová le había dado en su vejez. Tomaba tiempo para instruir al niño en la Palabra, así como para enseñarle las disciplinas bíblicas para alimentar la fe; como la oración, el ayuno y la piedad. Este hogar irradiaba espiritualidad, la cual impactó la vida del hijo recibido y lo ayudó a cumplir la función específica para lo cual había sido llamado desde antes de nacer. Lucas 1:16, 17

Juan el Bautista vivió sus primeros años al lado de sus padres, quienes le proveyeron no sólo de un hogar respetable, sino espiritual, que le prepararía para tener un carácter firme y poner como prioridad el reino de los cielos, llevando a cabo su difícil misión de preparar los caminos de Dios y allanar la calzada para la llegada del Señor Jesucristo.

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3. Los padres unidos para procurar la presencia divina en la casa

Como el caso de Zacarías y Elisabet, el hogar cristiano debería ser un lugar donde se respire el ambiente del cielo. También en nuestros hogares hace falta que se manifieste el señorío de Jesucristo. De manera que en la casa se formen verdaderos adoradores del Señor y se críen hombres y mujeres que desde su niñez busquen la presencia divina y aprendan a amar a Dios con todas sus fuerzas.

Se necesita un padre que sustente, cuide, y provea amor y calidez en su hogar. Que sea ejemplo de buena conducta y de temor al Señor. Uno que practique la oración y la meditación en la Biblia, que conduzca a su familia al santuario y que sea digno de imitar en su actitud reverente en la casa de Dios.

También se requiere de una madre que honre a su esposo y brinde cuidado a los hijos, y sea capaz de realizar los más grandes actos de heroísmo a favor de ellos. Hace falta en casa una mujer que tenga la disciplina de la oración personal y familiar, que cultive la sana costumbre de asistir a la iglesia, que sea ejemplo en palabra, conducta, amor, fe y pureza. De tal modo que el hogar se vea rodeado de la presencia divina diariamente y se respire la paz del Señor, a fin de que los hijos tengan como principio de su educación el temor de Dios y el amor a su prójimo.

Cuando el padre y la madre se ponen de acuerdo para buscar a Dios y ser fieles en el camino del bien, las bendiciones reposarán sobre la casa. Juntos podrán enseñar con el ejemplo la sana doctrina y la íntima comunión con el Señor. En el seno familiar se podrá percibir la presencia divina. Se recibirá el calor espiritual que une a toda la familia en Cristo. Se nutrirá la fe de cada uno de los miembros y se despertará en ellos un deseo sincero de servir a Jehová. En ese hogar llegará a existir un cariño que jamás será olvidado por los hijos.

Llegará el momento en que los hijos se irán del hogar por cuestiones de matrimonio, de escuela, trabajo o ministerio, pero llevarán la marca de la vida espiritual del hogar de sus padres. Anhelarán reproducir en su nueva familia las noblezas de su casa paterna. Recordarán las oraciones de papá y mamá por ellos y les será más fácil acordarse de Dios en los momentos difíciles. Tendrán recursos poderosos como la lectura bíblica, el ayuno y la oración, para defenderse del mal.

Conclusión

Nada iguala las bondades de un hogar donde hay vida espiritual. Sin embargo, existen hogares destruidos en los cuales la espiritualidad es la gran ausente. Pero no se tiene una familia bendecida por accidente, más bien es producto de la unión de la pareja para procurar que la presencia divina gobierne en la casa. Dios desea que muchas generaciones venideras tengan la dicha de nacer en un lugar donde el señorío de Cristo esté presente.

Fuente:

José M. Saucedo Valenciano, Aliento del cielo para la familia, ed. David Alejandro Saucedo Valenciano (El Principio de la Sabiduría, 2013), 21–24.

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LAS 4 NECESIDADES BÁSICAS DEL MATRIMONIO

El pastor Swindoll indica cuatro elementos esenciales para el matrimonio, basado en Génesis 2:24–25: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban” [LBLA]. El pastor Swindoll divide este pasaje como sigue:

…el hombre dejará a su padre y a su madre        — SEPARACIÓN
…y se unirá a su mujer                                               — PERMANENCIA
…y serán una sola carne                                            — UNIDAD
…el hombre y su mujer, y no se avergonzaban  — INTIMIDAD

Estas cuatro cosas esenciales son las necesidades más hondas del matrimonio. Ambos cónyuges deben someterse a ellas si desean edificar un matrimonio verdadero. Esta es la manera de pasar del yo y tú al nosotros. A menos que un matrimonio tenga este sentido de “nosotredad,” probablemente no sobrevivirá.

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“Metafóricamente, el matrimonio como identidad súper ordenada [como teniendo ‘nosotredad’ genuina] es el primer hijo [que la pareja produce] juntos, y como un bebé real trae alegría real.” Muchas parejas nunca han tenido este sentido de alegría por producir un vínculo que es mayor que los dos individuos y que descansa en última instancia en Dios. La pareja debe depender de Dios por sabiduría y fuerza para edificar estas cuatro cosas esenciales.

Charles Swindoll, Consejería Matrimonial: Cómo Brindar Ayuda a las Parejas en Conflicto, vol. 4, Perspectivas para aconsejar: Matrimonio (Frisco, TX: Visión Para Vivir, 2015), 5.

 

UNA GRAN NECESIDAD

Se necesita religión en el hogar. Únicamente ella puede impedir los graves males que con tanta frecuencia amargan la vida conyugal. Únicamente donde reina Cristo puede haber amor profundo, verdadero y abnegado. Entonces los espíritus quedarán unidos, y las dos vidas se fusionarán en armonía. Los ángeles de Dios serán huéspedes del hogar, y sus santas vigilias santificarán la cámara nupcial. Quedará desterrada la degradante sensualidad. Los pensamientos serán dirigidos hacia arriba, hacia Dios; y a él ascenderá la devoción del corazón.

Mensajes para los jóvenes, 311

CÓMO VENCER LAS PREOCUPACIONES (Parte 2)

Venciendo las angustias

Ahora bien, regresemos a Mateo 6 para descubrir la alternativa que nos da Jesús con respecto a las preocupaciones. ¿Cómo podemos vencer las angustias en cuanto al futuro? ¿Cómo se puede vivir sin ninguna preocupación? ¡Es imposible! Tú preguntas, “¿Cómo puedo olvidar las preocupaciones?” La respuesta a esta pregunta es la llave al problema de las preocupaciones. Cristo no nos pide que dejemos de sentir urgencia. Nos dice que dirijamos nuestra urgencia hacia otra cosa. Nuestra preocupación no debe ser dirigida hacia mañana, porque esto sólo nos parte en dos.

angustiaSi has puesto en manos de Dios tus mejores planes, puedes dirigir tu atención a otra cosa que no sea mañana. Ya no tienes que afligirte sobre el futuro, y puedes dirigir tus esfuerzos, tus energías y todo lo que tienes hacia hoy. Esta es la llave que cierra la puerta a la angustia, y abre la puerta de la paz: concéntrate en hoy.

Concentrarse fuertemente en algo es una actitud correcta, no equivocada. Toda emoción que Dios nos ha dado tiene un uso correcto en el momento correcto. Cada emoción puede ser positiva cuando se usa correctamente, acorde con los mandamientos y principios de la Palabra de Dios. Pero cada emoción puede usarse equivocadamente también. Interesarse fuertemente (sentir ‘urgencia’con respecto a alguna cosa) es una habilidad dada por Dios para movilizar las energías de cuerpo y mente para resolver un problema. Pero cuando enfocamos estas energías en el futuro, el propósito de soltar las energías químicas y eléctricas del cuerpo es frustrado, porque se derraman en el cuerpo pero no pueden usarse. No pueden convertirse en acción, porque es imposible hacer algo sobre el futuro. La preocupación activa una energía que no se usa, y en algunos casos los químicos producidos producen úlceras del estómago y otros síntomas físicos.

Pero si te enfocas en el día de hoy, las energías no son desperdiciadas, sino que pueden usarse. Tu preocupación será útil, tus energías podrán ser usadas al servicio de Jesucristo para resolver los problemas en lugar de preocuparse por ellos. Tú puedes hacer algo respecto a los problemas porque los tienes a mano, estás tratando con la realidad concreta.

Felipe aprendió que podía hacer algo por sus problemas de hoy. Primero nos sentamos y echamos una mirada a los problemas, haciendo un plan para el panorama entero. Oramos, colocando todo en manos de Dios. Después, miramos más de cerca a la próxima semana para determinar —si Dios quiere— lo que se podría hacer. Finalmente hablamos de hoy, y nos preguntamos “¿Qué podemos hacer ahorita?” Felipe se había acostumbrado a ver todo el bosque, y por eso había concluido que era demasiado grande, oscuro y tupido para ser talado. En contraste, aprendió a decir “Por la gracia de Dios tres árboles caerán hoy”. Luego aprendió a enfocarse y derramar todas sus energías en cortar esos tres árboles. Debería olvidar el resto de los árboles. Mañana podrá enfocarse en tres más, y al día siguiente tres o cuatro más, y así sucesivamente. Al continuar así, llegó el momento cuando Felipe podía ver luz en el bosque, y el sol comenzó a brillar. Felipe resolvió su problema de angustia al resolver los problemas de cada día un día a la vez.

Si trabajas fielmente para Cristo, haciendo lo que puedas con los problemas que se presentan hoy, usando todas tus energías, puedes ir a casa por la noche quizás cansado, pero satisfecho. ¿Hace cuánto tiempo no has tenido esa satisfacción? Ya no aquella sensación de cansado y todavía angustiado, sino el sentimiento de cansado y satisfecho, recostándote al final del día sabiendo que has gastado tus energías como Dios manda.

La preocupación y la pereza

¿Sabes que la Biblia señala que muchas de las personas que se preocupan son perezosas? Pues, esto es lo que Jesús mismo le dijo a uno que se afligía con respecto al futuro, y quería excusarse de sus responsabilidades a causa de sus preocupaciones. Pero Jesús dijo que era un caso de mera pereza. En Mateo 25 Cristo relató la historia de tres siervos a quienes se les dio dinero para invertir. Cuando regresó su señor, inquirió acerca de sus ganancias. Al que se le dio más, había duplicado su inversión, y el segundo hizo lo mismo. Pero el tercero confesó que había escondido su dinero en un hueco en la tierra. Cuando volvió el señor, el siervo sacó el dinero se lo llevó diciendo, “Aquí está lo suyo, señor. Lo enterré porque tenía miedo” (Mateo 25:25). El siervo se preocupó de las posibles consecuencias de invertir el dinero. Se preocupaba y se afligía hasta que quedó paralizado. Se preocupaba en lugar de trabajar. Y su señor le dijo, “Siervo malo (nótese que es pecado preocuparse por el futuro) y negligente … debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses” (Mateo 25:26, 27). Jesús le dice en otras palabras, “Debieras haber hecho por lo menos lo mínimo, y ni eso hiciste. Tú eres un siervo perezoso”.angustia-2

La persona preocupada no puede hacer nada porque está ocupada preocupándose por los problemas de mañana. Termina haciendo nada. Tú no puedes hacer nada con los problemas desconocidos de mañana. La angustia sobre mañana es como la persona que se balancea en una mecedora: gasta energía sin ir a ningún lado. Pero con respecto a los problemas de hoy, algo siempre se puede hacer (ver 1 Corintios 10:13). En última instancia, aunque no puedes cambiar el problema, por el poder del Espíritu Santo puedes cambiar tus actitudes con respecto a los problemas. Si nada más cambia, tú puedes cambiar. De modo que siempre hay algo que se puede hacer.

Una solución práctica

Hay un procedimiento sencillo que puedes utilizar cuando te encuentras preocupándote en lugar de trabajar. Cuando sientes que la angustia se te está subiendo, siéntate inmediatamente y escribe las siguientes tres preguntas en una hoja de papel, dejando espacio debajo de cada una para llenar después:

1. ¿Cuál es el problema?

2. ¿Qué quiere Dios que yo haga con él?

3. ¿Cuándo, dónde y cómo debo comenzar?

A veces el solo hecho de apuntar el problema te conduce a la solución. Cuando defines el problema, debes comenzar de inmediato a buscar una solución en las Escrituras. La pregunta es: “¿Cómo puedo enfrentar este problema para la gloria de Dios?” No te conformes con buenas soluciones e ideales nobles. En cambio, comienza a trabajar. Fija un horario para tu trabajo, y ataca la tarea más difícil primero. No olvides el ejemplo de Abraham, “se levantó temprano” cuando Dios le dio la tarea horrenda de sacrificar a Isaac, su único hijo, a quien amaba (Génesis 22:3). Ahí tenemos la solución de Dios para la preocupación.

Un último pensamiento. Este librito es escrito para los Cristianos. Pero si no conoces a Jesucristo como tu Salvador, permíteme decirte algo. Dios le dice a los Cristianos que no tienen nada de qué preocuparse. Pero tú tienes todo motivo por qué preocuparte. Si no eres Cristiano, no tienes las promesas de Dios, como por ejemplo la de Romanos 8:28, porque es dada solamente a los que pertenecen a Dios: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. No existe solución para tu problema fuera de Cristo Jesús. No hay nada sino el infierno eterno al final de tu camino. La Biblia nos dice que el infierno es un lugar de oscuridad y soledad. Las personas en el infierno serán como estrellas errantes, ¡separadas las unas de las otras por años de luz! (Judas 13). Peor aún, divagarán eternamente aisladas en la oscuridad, lejos de la presencia de Dios: “Sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). Este es el hecho más terrible de todos. El infierno será el lugar totalmente solitario en donde los hombres y mujeres, en vez de preocuparse del futuro, tendrán remordimiento agudo con respecto al pasado. Sólo en el infierno su futuro es seguro: habrá la horrorosa seguridad de un futuro eterno de terror apartados de Dios.

Pero tal vez Dios está obrando en tu corazón, convenciéndote de tu pecado. Posiblemente puso en tus manos este folleto porque quiere que confíes en Jesucristo. Jesús murió en la cruz en el lugar de pecadores culpables como tú, llevando sobre sí su infierno. Toda persona que cree que Jesús murió por ella será perdonada, y en lugar del infierno recibirá el regalo de la vida eterna, una vida con Dios para siempre. Dios promete, “Más a todos los que le recibieron (a Jesucristo), les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). ¿Por qué no pones tu confianza en Cristo en este momento? No se quede con la preocupación, ¡actúa! Actúa en obediencia a la Palabra de Dios.

Para los que conocen al Señor, permítanme preguntar, “¿Tienes necesidad de arrepentirte del pecado de la preocupación”? Si es así, entonces atiende los problemas de cada día según como te lleguen, y trabaja duro para Cristo ese día.
Jay Adams, Cómo vencer las preocupaciones (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2011), 16–31.

CÓMO VENCER LAS PREOCUPACIONES (Parte 1)

Los efectos de la preocupación

Las preocupaciones pueden causar úlceras en el estómago, drenar la vitalidad, y enviarnos a una muerte prematura. Nos convierte en personas incapaces de manejar los problemas de la vida. El preocuparse muestra falta de fe en Dios, y nos impide de asumir nuestra responsabilidad en servir a Cristo Jesús. La preocupación es pecado.
Tal vez estás permitiendo que las angustias te impidan vivir una vida de fidelidad a Cristo. ¡Tal vez te preocupas por tus preocupaciones! Y lo que quieres saber es, ¿qué se puede hacer al respecto? ¿Qué dice la Biblia sobre cómo vencer este pecado? Pues, la Biblia dice que lo puedes vencer, ¡con seguridad!

preocupacion-2La preocupación aflige a muchos Cristianos. Felipe, un ingeniero, tenía la tarea de construir un edificio grande. Era una tarea mucho más grande que todos los trabajos anteriores, con muchas dificultades. Comenzó a preocuparse sobremanera. Los contratistas y los subcontratistas estaban peleando entre sí. Los electricistas y los carpinteros no se ponían de acuerdo. Las fechas tope no se estaban cumpliendo. Todo el día y todos los días Felipe se preocupaba, y entre más se afligía menos podía hacer. Ya no era capaz de manejar los detalles de cada día. Comenzó a decirse cada día, “Ya no puedo, es demasiado”. Hasta por fin, un día se levantó de su escritorio y salió de su oficina. Como Felipe era Cristiano, fue a buscar consejo. Y fue con base en la Palabra de Dios que encontró la respuesta a sus angustias.

La esencia de la preocupación

¿Qué es la preocupación? En la Biblia, generalmente se traduce como ‘angustia’, o ‘ansiedad’. Se debería traducir como ‘preocupación’ para que entendamos en nuestros términos lo que Dios nos está diciendo. El término griego en el Nuevo Testamento significa “dividir, romper, o partir en dos”. Este término señala los efectos de las preocupaciones, es decir, lo que produce en nosotros. Pero en sí, la preocupación es una ansiedad en cuanto al futuro. Es una aflicción con respecto a algo sobre lo cual no podemos hacer nada, y ni siquiera podemos tener seguridad en cuanto a ello. Es por eso que nos parte en dos. Cuando uno se preocupa, mira hacia el futuro. Pero el futuro aún no ha llegado. No hay nada concreto que tú puedas agarrar, y no hay nada que se pueda hacer sobre ese futuro. La persona angustiada no puede hacer nada sobre el futuro, ni siquiera sabe cómo se ve el futuro. Nadie fuera de Dios conoce el futuro en su forma verdadera. La persona ansiosa primero se imagina que el futuro será así. Pero al momento piensa que tal vez será otra cosa. Y como no puede saberlo a ciencia cierta, lo parte en dos. De acuerdo a la Biblia, la preocupación es afligirse sobre lo que no se sabe y lo que no se puede controlar, y esto nos rompe en dos. La pregunta es, “Si esta es la esencia de la preocupación, ¿qué puede hacer al respecto?|

preocupacion-3Escuchemos a Jesús —él tiene la respuesta. Dice, “No se preocupen” (Mateo 6:31). Pero Jesús no deja el asunto ahí, sino que explica cómo vencer la angustia. En este pasaje Jesús concluye una discusión vital respecto a la tendencia de afligirnos por las necesidades de la vida con las siguientes palabras: “Así que, no os afanéis (no se preocupen) por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán” (Mateo 6:34). Jesús aquí nos aclara que el problema de la angustia es que proviene de un enfoque incorrecto de la vida. Jesús dice que es incorrecto dejar que los posibles problemas de mañana nos partan en dos hoy.
Cristo hace un contraste entre dos días: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su afán”. En estas palabras tenemos la respuesta de Dios a las preocupaciones. Cada día tendrá suficientes problemas. Tú no debes enfocar tu mirada en los problemas de mañana ¡porque hay suficientes problemas hoy como para ocuparnos! Mañana pertenece a Dios. Mañana está en sus manos. Cuando nosotros intentamos tomar mañana, intentamos quitar lo que le pertenece a él. Los pecadores desean tener lo que no es de ellos, y así se destruyen a sí mismos. Dios solamente nos ha dado el día de hoy. Dios prohíbe que nos preocupemos de lo que podría suceder. Esto está en sus manos enteramente. El hecho trágico es que las personas que se preocupan mucho no sólo desean lo que les es prohibido, sino que se niegan a usar lo que se les ha dado.

¿Es malo planear para el futuro?

Antes de proceder, hay un punto que debemos destacar: Cristo no se opone a la planificación para el día de mañana. Cristo no se opone a pensar en mañana o prepararse para el futuro. Lo que prohíbe son las preocupaciones, la angustia que nos lleva a llorar. No hay nada en Mateo 6 que prohíba la planificación para el futuro.
Las palabras de Santiago son vitales para comprender todo esto (Santiago 4:13ss). Algunos han malentendido este pasaje, interpretándolo como si Santiago estuviera en contra de todo tipo de planificación. Pero esto es exactamente lo contrario del sentido del texto. Es más, en este pasaje Santiago nos está explicando cómo debemos hacer planes. Lo que prohíbe son los planes incorrectos, y nos muestra cómo planificar de la manera que agrada a Dios. Planificar y preocuparse son dos cosas muy diferentes.

¿Cómo debemos planificar entonces? Santiago nos responde así, “Deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala”. Ahora podemos ver la gran diferencia. Santiago nos dice que debemos hacer planes sin preocuparnos. Es imposible no planear, pues siempre estamos haciendo algún tipo de planificación. Pero debe ser sin angustia. La persona que se preocupa actúa como si tuviera el futuro en la palma de su mano. Es arrogante. Santiago dice que debes presentar tus planes ante Dios y decir, “Señor, he intentado hacer mis planes lo mejor posible, según tu voluntad revelada en la Biblia. Pero yo sé que sólo tú eres soberano, y someto mis planes a ti. Sea hecha tu voluntad”.

Como Cristiano, sabes que tu vida pertenece a Dios por el mero hecho de ser su criatura. Pero también has sido comprado por precio, el precio de la muerte de Jesucristo, él que dio su vida para redimirte del pecado y la muerte eterna. El próximo respiro está en sus manos. De modo que debes decirle a Dios, “Te traigo mis planes para que los revises y los corrijas”. Cuando planificas de esta manera, llevando tus planes a Dios para ser revisados (y negados si fuera el caso), aceptando gozosamente la voluntad de Dios, entonces estás planificando como dice Santiago. ¿De qué te tienes que preocupar cuando realmente pones tus mejores planes en la mano de Dios?

Jay Adams, Cómo vencer las preocupaciones (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2011), 6–16.

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