CÓMO VENCER LAS PREOCUPACIONES (Parte 1)

Los efectos de la preocupación

Las preocupaciones pueden causar úlceras en el estómago, drenar la vitalidad, y enviarnos a una muerte prematura. Nos convierte en personas incapaces de manejar los problemas de la vida. El preocuparse muestra falta de fe en Dios, y nos impide de asumir nuestra responsabilidad en servir a Cristo Jesús. La preocupación es pecado.
Tal vez estás permitiendo que las angustias te impidan vivir una vida de fidelidad a Cristo. ¡Tal vez te preocupas por tus preocupaciones! Y lo que quieres saber es, ¿qué se puede hacer al respecto? ¿Qué dice la Biblia sobre cómo vencer este pecado? Pues, la Biblia dice que lo puedes vencer, ¡con seguridad!

preocupacion-2La preocupación aflige a muchos Cristianos. Felipe, un ingeniero, tenía la tarea de construir un edificio grande. Era una tarea mucho más grande que todos los trabajos anteriores, con muchas dificultades. Comenzó a preocuparse sobremanera. Los contratistas y los subcontratistas estaban peleando entre sí. Los electricistas y los carpinteros no se ponían de acuerdo. Las fechas tope no se estaban cumpliendo. Todo el día y todos los días Felipe se preocupaba, y entre más se afligía menos podía hacer. Ya no era capaz de manejar los detalles de cada día. Comenzó a decirse cada día, “Ya no puedo, es demasiado”. Hasta por fin, un día se levantó de su escritorio y salió de su oficina. Como Felipe era Cristiano, fue a buscar consejo. Y fue con base en la Palabra de Dios que encontró la respuesta a sus angustias.

La esencia de la preocupación

¿Qué es la preocupación? En la Biblia, generalmente se traduce como ‘angustia’, o ‘ansiedad’. Se debería traducir como ‘preocupación’ para que entendamos en nuestros términos lo que Dios nos está diciendo. El término griego en el Nuevo Testamento significa “dividir, romper, o partir en dos”. Este término señala los efectos de las preocupaciones, es decir, lo que produce en nosotros. Pero en sí, la preocupación es una ansiedad en cuanto al futuro. Es una aflicción con respecto a algo sobre lo cual no podemos hacer nada, y ni siquiera podemos tener seguridad en cuanto a ello. Es por eso que nos parte en dos. Cuando uno se preocupa, mira hacia el futuro. Pero el futuro aún no ha llegado. No hay nada concreto que tú puedas agarrar, y no hay nada que se pueda hacer sobre ese futuro. La persona angustiada no puede hacer nada sobre el futuro, ni siquiera sabe cómo se ve el futuro. Nadie fuera de Dios conoce el futuro en su forma verdadera. La persona ansiosa primero se imagina que el futuro será así. Pero al momento piensa que tal vez será otra cosa. Y como no puede saberlo a ciencia cierta, lo parte en dos. De acuerdo a la Biblia, la preocupación es afligirse sobre lo que no se sabe y lo que no se puede controlar, y esto nos rompe en dos. La pregunta es, “Si esta es la esencia de la preocupación, ¿qué puede hacer al respecto?|

preocupacion-3Escuchemos a Jesús —él tiene la respuesta. Dice, “No se preocupen” (Mateo 6:31). Pero Jesús no deja el asunto ahí, sino que explica cómo vencer la angustia. En este pasaje Jesús concluye una discusión vital respecto a la tendencia de afligirnos por las necesidades de la vida con las siguientes palabras: “Así que, no os afanéis (no se preocupen) por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán” (Mateo 6:34). Jesús aquí nos aclara que el problema de la angustia es que proviene de un enfoque incorrecto de la vida. Jesús dice que es incorrecto dejar que los posibles problemas de mañana nos partan en dos hoy.
Cristo hace un contraste entre dos días: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su afán”. En estas palabras tenemos la respuesta de Dios a las preocupaciones. Cada día tendrá suficientes problemas. Tú no debes enfocar tu mirada en los problemas de mañana ¡porque hay suficientes problemas hoy como para ocuparnos! Mañana pertenece a Dios. Mañana está en sus manos. Cuando nosotros intentamos tomar mañana, intentamos quitar lo que le pertenece a él. Los pecadores desean tener lo que no es de ellos, y así se destruyen a sí mismos. Dios solamente nos ha dado el día de hoy. Dios prohíbe que nos preocupemos de lo que podría suceder. Esto está en sus manos enteramente. El hecho trágico es que las personas que se preocupan mucho no sólo desean lo que les es prohibido, sino que se niegan a usar lo que se les ha dado.

¿Es malo planear para el futuro?

Antes de proceder, hay un punto que debemos destacar: Cristo no se opone a la planificación para el día de mañana. Cristo no se opone a pensar en mañana o prepararse para el futuro. Lo que prohíbe son las preocupaciones, la angustia que nos lleva a llorar. No hay nada en Mateo 6 que prohíba la planificación para el futuro.
Las palabras de Santiago son vitales para comprender todo esto (Santiago 4:13ss). Algunos han malentendido este pasaje, interpretándolo como si Santiago estuviera en contra de todo tipo de planificación. Pero esto es exactamente lo contrario del sentido del texto. Es más, en este pasaje Santiago nos está explicando cómo debemos hacer planes. Lo que prohíbe son los planes incorrectos, y nos muestra cómo planificar de la manera que agrada a Dios. Planificar y preocuparse son dos cosas muy diferentes.

¿Cómo debemos planificar entonces? Santiago nos responde así, “Deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala”. Ahora podemos ver la gran diferencia. Santiago nos dice que debemos hacer planes sin preocuparnos. Es imposible no planear, pues siempre estamos haciendo algún tipo de planificación. Pero debe ser sin angustia. La persona que se preocupa actúa como si tuviera el futuro en la palma de su mano. Es arrogante. Santiago dice que debes presentar tus planes ante Dios y decir, “Señor, he intentado hacer mis planes lo mejor posible, según tu voluntad revelada en la Biblia. Pero yo sé que sólo tú eres soberano, y someto mis planes a ti. Sea hecha tu voluntad”.

Como Cristiano, sabes que tu vida pertenece a Dios por el mero hecho de ser su criatura. Pero también has sido comprado por precio, el precio de la muerte de Jesucristo, él que dio su vida para redimirte del pecado y la muerte eterna. El próximo respiro está en sus manos. De modo que debes decirle a Dios, “Te traigo mis planes para que los revises y los corrijas”. Cuando planificas de esta manera, llevando tus planes a Dios para ser revisados (y negados si fuera el caso), aceptando gozosamente la voluntad de Dios, entonces estás planificando como dice Santiago. ¿De qué te tienes que preocupar cuando realmente pones tus mejores planes en la mano de Dios?

Jay Adams, Cómo vencer las preocupaciones (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2011), 6–16.

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